En general, en relación con las funciones de la Literatura los aspectos que destacan son lo que J. Domínguez llama “poder cognoscitivo” (imitación de la realidad, fin didáctico y adoctrinador…) y  “fuente de agrado” (por la forma verbal). René Wellek y Austin Warren, al resaltar la estrecha relación entre naturaleza y función de la literatura, resumen las funciones de la literatura en el tópico horaciano “dulce et utile” [versos de Horacio 333 y 334], y reducen las funciones de la literatura a la función placentera (lo dulce y agradable) y la función doctrinal (lo útil).

 Hagamos un poco de Historia.

 

1. LA TRADICIÓN CLÁSICA

Aunque Aristóteles aparece como referente de los orígenes de la crítica literaria por su Poética, antes de él los sofistas y Platón ya se ocuparon de las funciones de la literatura.

Entre los escritores anteriores a Platón, los presocráticos o físicos jonios, Jenófanes de Colofón y Heráclito (s. VI a.C.), establecieron algunas propiedades de la literatura, según nos ha llegado a través de citas y fragmentos. Jenófanes, al escribir en verso revestía a sus escritos de autoridad didáctica, según la tradición de Homero, a quien el mismo Jenófanes critica pese a considerarlo la fuente de sabiduría de todos (frag. 9 Diehl).

El retórico Gorgias de Leontino (c.485-380 a.C.) es un representante de la sofística, y en su Elogio a Helena describe la poesía como “la palabra con metro” y, como los sofistas en general, defiende el poder de persuasión de la palabra.

Platón(427-347 a.C.) atendió en sus diálogos a la “poesía” (no exactamente literatura). El Ion y el Cratilo se centran en la poiesis y en el lenguaje. Aunque Platón ya introduce la función de la literatura como “forma de conocimiento”, por lo que tendría una función de utilidad, para él la poesía es, fundamentalmente, una imitación de las acciones humanas del mundo sensible que se lleva a cabo gracias al lenguaje, a la armonía y el ritmo.

En tanto que es imitación, la poesía es falsa y no puede enseñar la verdad. Para Platón existe un valor ontológico de la poesía, y plantea la mímesis como conocimiento: la poiesis proporciona una copia del mundo de las Ideas. Platón termina por desconsiderar la poesía por lo inadecuado de su función ética, estética y política: si en el espectáculo dramático el espectador se identifica con una acción esencialmente falsa, lo que se produce es la identificación de dicho espectador (el ciudadano) con modelos de conducta impropios de su República ideal (cf. Rep. libros II, III y X), por lo que es inmoral y corruptora, ejerce un poder subversivo sobre los ciudadanos. En el libro VII de la República establece normas de censura literaria. Esta visión de los efectos negativos de la tragedia y la comedia será compartida, posteriormente, por San Agustín, Bossuet o Rousseau)

Aristóteles otorga, en cambio, una función benéfica a la poesía: tiene un carácter filosófico, hay placer por ser un acto imitativo (la imitación es connatural al hombre) y tiene un efecto de catarsis o liberación del espectador. Al contemplar la acción dramática, que es verosímil, el espectador se reconoce y se identifica con sus personajes, pero al identificarse el espectador alcanza un efecto liberador de los sentimientos de temor y piedad, que eran negativos para los griegos. Esa liberación o “purga” es la catarsis (término de la medicina hipocrática, por el que se designaba un tipo de tratamiento curativo que consistía en eliminar los humores sobrantes, y del campo semántico religioso).

La catarsis se deriva de la fábula, y ésta se rige por la verosimilitud. Es un efecto del texto literario, no de la representación escénica. Por otra parte, Aristóteles establece que en toda imitación se deriva un placer (por lo que éste es otro de los papeles de la literatura) y un conocimiento (poder cognoscitivo).

En su línea, los escritores romanos (Cicerón (De Oratore), Horacio, Quintiliano…) defienden la utilidad de la imitatio para enseñar (docere) o para deleitar (delectare), con lo que establecen que la poesía puede transmitir cierto conocimiento. Es el docere delectendo de Ovidio. Las poéticas latinas se interesan más por la forma que las griegas, y la poesía interesa por ser un texto bien escrito, que sea hermoso. Horacio buscará el equilibrio entre la forma y el contenido, con el mismo criterio de mímesis que Aristóteles, el de que la obra de arte es una imitación de la realidad humana. La verosimilitud, que para Aristóteles es lo que diferencia al historiador del poeta, es también necesaria para Horacio: utiliza el símil de un pintor que al pinta un monstruo, una mezcla de mujer, caballo, pájaro y pez (Ep.ad Pisones,.1-ss), roza la ridiculez: del mismo modo el poeta, al utilizar la inventio, puede llegar a los límites de la verosimilitud, pero sin alcanzar el absurdo.

 

2. LA EDAD MEDIA

En la Edad Media se reinterpreta el docere et delectare con una finalidad doctrinal: “deleitar para enseñar”. En este largo período la crítica literaria es difícil por la escasez de textos escritos. La literatura es mayoritariamente oral, y los pocos escritos son símbolo de poder (monasterios, nobleza…son los dueños de las obras, no sus autores, y además no suelen estar escritos en las lenguas del pueblo)

 La noción de género poético es cuestionada tal y como había sido expuesto en las poéticas griegas y latinas: surgen nuevas formas de literatura oral, los cantares de gesta, la poesía provenzal, nuevas formas teatrales (misterio, farsa…), con lo que la finalidad se adecua a la realidad: la forma y el placer son dominados por la finalidad moralizante, pero con una clara preeminencia del “enseñar” sobre el “deleitar” que obedece a una concepción teológica del arte en general.

San Agustín, Sandro_BotticelliHay una corriente neoplatónica que mantiene la división entre el mundo sensible y el mundo de las Ideas, de forma que la literatura no es más que alegoría. San Agustín ve en la poesía un reflejo (imitación o copia) de la realidad, y pese a la oscuridad (la mentira) de la literatura, a veces se encuentran en los textos verdades profundas que se descubren mediante el método alegórico de los Padres de la Iglesia (s. II-VII)

 

3. HUMANISMO DEL RENACIMIENTO

El clasicismo busca desvincular la poesía de todo lo que sea ajeno a la estética, y en los s. XVI y XVII, la proliferación de Academias llevará hacia una percepción de la literatura con visión dogmática (seguimiento de unas normas) e intelectual (poder de la razón).

En Italia surgen los primeros críticos literarios, que mantienen el argumento del poder educador de la poesía, que aporta modelos al tiempo que enseña a hablar correctamente: aut prodesse aut delectare. Hay cierto grado de jerarquía entre enseñar y deleitar, excepto para algunos autores concretos como Castelvetro.

En España, Pinziano mantiene los postulados clasicistas: enseñar y deleitar son condiciones necesarias de la literatura. El deleite tiene dos fuentes: la elocución (o verba, la imitación por el lenguaje) y la doctrina (o res, el contenido).

En el contexto inglés, Sir Philip Sidney escribió su Apology for Poetry (sobre 1580), en la que defiende que la función primaria de la literatura, frente a la de los demás textos escritos, es dar placer al lector, y los elementos moralizantes o didácticos han de estar subordinados a dicha función.

En Francia, en el s. XVII la academia Francesa se oficializa en 1624 por Richelieu, y tiene la pretensión de elevar la literatura francesa al primer plano de la escena europea y de utilizarla con fines propagandísticos: como la Iglesia y el Estado de Luis XIV pagan el teatro, lo usan para difundir la superioridad y la grandeza de Francia. La Poética de Boileau (1674) mantiene la finalidad de enseñar deleitando.

 

4. BARROCO Y NEOCLASICISMO         

En el s. XVIII, en España Ignacio de Luzán (1702-1754), publica su Poética (1737), en la que establece que los tres fines que puede tener un poeta son “para utilidad o para deleite de los hombres o para uno y otro junto”; además, la utilidad de la poesía estriba en servir de paliativo a las durezas de la vida, ya que ante los “golpes de la moral” la poesía se hace útil al “templar la actividad de la luz de las demás ciencias”. La poesía instruye sobre la moral, política, medicina, economía… Sigue los postulados horacianos, y defiende el uso de las reglas y las figuras retóricas para incrementar la dulzura y la belleza poéticas.

En la Ilustración alemana destacan Schiller(1759-1805) y Goethe (1749-1832), para quien la poesía no tiene por qué moralizar ni por qué tener en cuenta a su público: el fin del arte está contenido en sí mismo, aunque del objeto artístico puedan derivarse enseñanzas.

 Kant (1724-1804) defiende que solo existe la finalidad hedonista del arte: la literatura no permite conseguir conocimiento ni utilidad, sino sólo diversión y placer.

En 1800 publica su Diálogo sobre la poesía Schiegel, que supone una vuelta a los clásicos.

 

5. EL ROMANTICISMO

El Romanticismo rechaza el neoclasicismo anterior, y el interés de la crítica literaria de desplaza de la obra al poeta. Así, la poesía tiene la función de expresar los sentimientos, porque la poesía ha dejado de ser imitación para ser expresión. Ahora, una de las funciones de la literatura es la escapista, favorecer la huída de la realidad.

 En Inglaterra destaca el Preface to Lyrical Ballads, de Wordsworth,(1800), y la Biogaphia Literaria de Coleridge.

Para los poetas románticos, las exigencias de la verosimilitud son despreciadas hasta los extremos del teatro del absurdo (Beckett, Ionesco desmantelan la realidad de manera sistemática), en el que la mímesis alcanza ya el grado de ficción. Hegel (1770-1831) defiende que la finalidad del arte es lograr la conexión entre el mundo espiritual y el natural. Además, el arte es un fin en sí mismo, al que Hegel niega el fin purificador (Aristóteles), moralizador (Platón y E.Media), docente y/o deleitante (Horacio, E.Media y Clasicismo) Este resultado, que puede estar darse, no ha de ser confundido con el objeto artístico mismo.

En Italia, Galvano Della Volpe (1895- 1968) destaca el aspecto de racionalidad de la catarsis aristotélica que, al derivarse de la fábula, es una propiedad textual.

 

6. LAS VANGUARDIAS Y EL S.XX

            Muchas son las teorías de los últimos tiempos y las corrientes en que se enmarcan: el Cïrculo Lingüísico de Moscú, formalismo ruso, Escuela de Praga, estructuralismo checo, New Criticism, Escuela de Chicago, estilística, generativismo, marxismo, psicoanálisis, semiótica…

Aguiar e Silva diferencia dos tipos de teorías fundamentales, que enlazan con las finalidades clásicas: la teoría formal, por la que la literatura es un ente autónomo que se rige por normas y objetivos propios; y la teoría moral, por la que la literatura se integra entre las demás prácticas humanas. Por su parte, Jacques Dubois (1933- ) ve, en toda literatura, una función moral, porque la ideología es inseparable del texto literario (La institución de la literatura, 1978)

 Entre los muchos teóricos, podemos señalar a George Lukács (1885-1971) con su teoría del realismo artístico y literario que, a través de los conceptos de “absoluto” y “relativo” enlaza con la función cognoscitiva aristotélica de la poesía, y a S. Freud (1856-1939), cuya teoría sobre el placer estético remite a la función placentera, presente desde Horacio en la crítica literaria.

En conclusión, J. Domínguez Caparrós señala que hablar de la función de la literatura significa considerar tanto los factores externos como los intrínsecos, lo que a su vez lleva a la relación de la literatura con las demás artes.

(Imagen:  San Agustín, Sandro Boticelli)