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Al estudiar las obras literarias individualmente, el concepto de “género” se hace imprescindible, pero la definición de los géneros literarios ha resultado complicada desde la Antigüedad. ADRIÁN MARINO  refleja en su conocido anáalisis («Toward a Definition of Literary Genres» en STRELKA, JP (ed.): Theories of Literary Genre, 1978 )  la dificultad de esta definición.

No obstante, todo el mundo parece admitir una clasificación (exceptuando a Benedetto Croce). Actualmente, se habla de género (aunque sea por convención), e incluso se ha llegado a asociar este concepto con el concepto de norma lingüística de W.-D. STEMPEL, que aborda el problema de los géneros literarios desde la ESTÉTICA DE LA RECEPCIÓN: igual que la teoría de los actos de lenguaje, la estética de la recepción insiste en el carácter institucional de la literatura y en la importancia del lector dentro del fenómeno literario; considera que  la conformación de los géneros también responde a factores sociales y que los gustos del público afianzan y hacen surgir géneros

 “El género […] tiene que ver a la vez con el sistema y con el habla, estatuto que corresponde a lo que Coseriu ha llamado “norma”.” (“Pour une description des genres littéraires”, 1971)

En palabras de WELLEK Y WARREN:

«El género debe entenderse como agrupación de obras literarias, basada tanto en la forma exterior (metro o estructura específicos) como en la interior (actitud, tono, propósito; dicho más toscamente: tema y público)» (Wellek y Warren, 1959: 278; citado por Mª Paz Díez Taboada, en “La despedida, moderno subgénero de la elegía”, SIGNA)

Es importante también la cuestión de los géneros desde la perspectiva de la LITERATURA COMPARADA. Claudio Guillén (1985) analiza los géneros desde distintos aspectos: histórico, sociológico, pragmático, estructural, lógico y comparativo, y los define como “an invitation to form”. Desde su punto de vista, cada época ha enfocado el problema de los géneros literarios desde un contexto histórico concreto.

1. La teoría clásica y clasicista, que se basa en las diferentes formas de mimesis o imitación, nace prácticamente con la Poética aristotélica, en la que se diferencian tres géneros en función del tipo de expresión:

épico (narrativa),

trágico (drama) y

lírico (poesía).

El crítico Gérard Genette (Introducción al architexto, 1979) compara la visión clásica de los géneros con la romántica y establece que la segunda se proyecta sobre la primera para llegar a la delimitación de tres géneros: lírica, épica y dramática.

León Timoféiev (Fundamentos  de teoría de la literatura, 1979), en el contexto de la ortodoxia marxista, mantiene también la diferenciación aristotélica entre épica y drama a partir de la relación de la literatura con la realidad; el arte (y por tanto la literatura) es una imitación o mímesis de la realidad:

-si el reflejo es básicamente fiel, se trata de ENSAYO;

-si el reflejo es ficticio puede ser, bien de una vivencia: LÍRICA, bien de una carácter en acción, y en este caso distingue la ÉPICA (con narración) del DRAMA (sin narración);

– si el reflejo es hiperbólico, el género es la SÁTIRA.

2. La teoría románticaarquetípica está fundamentada en categorizaciones abstractas. Emil Staiger (1946) habla de conceptos como “lo épico”, “lo trágico”, “lo lírico”… y busca establecer una conexión entre esta teoría y las categorías antropológicas, con la pretensión de llegar al “problema acerca de la misma esencia del hombre” (1946)

3. La descriptivataxonómica busca la descripción de manifestaciones históricas de los géneros y la delineación de unas constantes en medio de esas manifestaciones. Son las teorías del formalismo ruso, especialmente la definición de Boris Tomachevski.

1. TEORÍAS CLÁSICAS Y CLASICISTAS

En la teoría clásica de los géneros se diferencia una tipología elaborada deductivamente a partir de la definición de la literatura como “mímesis”; y una elaboración de taxonomías a partir de los géneros históricos presentes en las literaturas griega y latina.

1.1. Platón, en La República III, distingue tres clases de poesía según el papel del autor en el texto: “un tipo de poesía y composición de mitos íntegramente imitativa” sin intervención del poeta, que serían la tragedia y la comedia; otro que se produce“a través del recital del poeta”, en el que engloba a lo que después se llamará lírica; y un último género “en que se mezclan ambos procedimientos” y que corresponde a la épica.

1.2. Aristóteles (Poética 1448a) establece la clasificación de los géneros a partir del modo, el medio y el objeto de imitación. Respecto a los modos de imitación, diferencia dos: la forma activa propia del teatro, en que únicamente intervienen los personajes; y la forma narrativa en que pueden señalarse dos variedades según si el poeta narra personalmente, o lo hacen sus personajes.  Respecto almedio de imitación (ritmo, canto, verso), se diferencian por usarlos de manera distinta. Y en cuanto al objeto de imitación, los géneros se distinguen por hacer a los hombres mejores, peores o iguales. Para Aristóteles, los géneros están sujetos a la posibilidad de cambio y tienen unas caracaterísticas estructurales propias (tiempo, acción, tipo de verso…)

Platón también incluye en el Ion una propuesta taxonómica; como el poeta escribe según le inspira la Musa, cada uno sobresale en un género determinado y no en los demás, y diferencia los ditirambos, loas, danzas, epopeyas y yambos; y en Las leyes clasifica los géneros musicales y habla de himno, treno, ditirambo, peán y nomo. Por su parte, Aristóteles habla de ditirambo, comedia, tragedia, nomos y parodias.

Comedia y Tragedia, Chirico.

1.3. Aunque en la poética latina no hay muchas reflexiones teóricas, sí que encontramos distintas clasificaciones taxonómicas, en Horacio, Cicerón, Quintialiano o en Tácito, para quien los géneros son, básicamente, tragedia, épica, lírica, elegía, yambo y epigrama.

1.4. Entre los CLASICISTAS ESPAÑOLES, A. López Pinciano desarrolla el estudio de los géneros desde tres enfoques siguiendo la tradición aristotélica: según el medio de imitación, según la cosa imitada y según el modo de imitación. Establece una taxonomía en la que, además del ditirambo, la poesía dramática y la poesía épica, habla de mimos, epigramas, apólogos, rapsodias… Todavía no delimita bien la lírica y el ditirambo, pero con Cascales desaparecen estas confusiones y encontramos la asimilación del modo de imitación narrativo puro con la lírica. La poesía se divide en tres especies principales: épica, escénica y lírica (Tablas poéticas, 1617), con lo que se impone la división tripartita de los géneros, históricamente aceptada desde S. Minturno (L’arte poética, 1564). Luzán también mantiene la diferenciación según los modos de imitación, división que complementa con el criterio de utilidad de cada género literario. Carvallo trata de manera especial el género de la comedia.

2. TEORÍA ROMÁNTICA

Con el romanticismo se introduce una nueva perspectiva en el estudio de los géneros. Jean-Marie Schaeffer expone que en este cambio se percibe la intención de explicar la génesis y la evolución de la literatura, tal como sugiere el hecho que desde esta época, los géneros literarios se asimilen a determinadas actitudes fundamentales. Son propuestas abstractas de perfil psicológico:

J.W.von Goethe,(Stieler 1828).

Goethe, (Formas naturales de poesía) propone tres clases de poesía: la que narra claramente (épica), la inflamada por el entusiasmo (lírica) y la que actúa personalmente (dramática). Estas formas “naturales” pueden aparecer juntas en un mismo poema.

Schiller, hace una diferenciación basada en la forma de sentir, y distingue una poesía ingenua, correspondiente a la poesía antigua, y una poesía sentimental (reflexiva), correspondiente a la moderna, en la que se incluye la sátira, la elegía y el idilio.

Hegel (Lecciones de estética, 1817-1820) reformula la tríada clásica y habla de épica, lírica y dramática.

Emil Staiger (Conceptos fundamentales de poética, 1946) considera que hay una relación entre unos estilos fundamentales y unas actitudes básicas del ser humano, y que coinciden con los géneros literarios tradicionales.

–habla de conceptos como “lo épico”, “lo trágico”, “lo lírico”… y busca establecer una conexión entre esta teoría y las categorías antropológicas, con la pretensión de llegar al “problema acerca de la misma esencia del hombre” (1946) à influencia de Hegel
–Identifica la lírica con el recuerdo, la épica con la representación y el drama con la tensión.

-Wolfgang Kayser (1948) hablará de  “lo lírico”, “lo épico” y “lo dramático” como actitudes o formas naturales de la literatura, manifestaciones supragenéricas, puesto que  lo lírico puede aparecer en lo narrativo o viceversa.

-Northrop Frye  (1912-1991), (“Rethorical Criticism: Theory of Genres”  en Anatomy of Criticism, 1957) propone clasificar los géneros según el auditorio que deberían tener, y distingue: el drama (obras representadas), la poesía lírica (obras cantadas), la poesía épica (obras recitadas), la prosa (obras leídas). Los cuatro géneros principales están caracterizados por un tipo de ritmo propio,

-la recurrencia de lo épico,

-la continuidad de la prosa,

-el decoro del drama y

-la asociación de la lírica.

Hay críticos que llegan incluso a la negación de los géneros en su sentido clásico y a formulaciones nuevas y originales.

3. TEORÍAS TAXONÓMICAS

Se  vinculan de alguna manera al estructuralismo, y buscan la descripción de manifestaciones históricas de los géneros y la delineación de unas constantes en medio de esas manifestaciones.
No parten de esquemas previos de tipos ideales, como se aprecia en las teorías del formalismo ruso, como la de Boris TOMACHEVSKI (1925),  quien defiende la imposibilidad de una clasificación lógica y duradera; por ello propone
“adoptar una actitud descriptiva en el estudio de los géneros; reemplazar la clasificación lógica por una pragmática y utilitaria que tenga en cuenta sólo la distribución del material dentro de los marcos definidos. La clasificación de los géneros es compleja: las obras se distribuyen en vastas clases que, a su vez, se diferencian en tipos y especies” (“Poética”, en Tzvetan Todorov (ed.), Teoría de la literatura de los formalistas rusos (Buenos Aires: Signos, 1970).
Así, un género es una abstracción que se efectúa a partir de una serie de obras que caen dentro de cierto funcionamiento que se denomina de ese modo:

“Los rasgos de un “género” […[, los procedimientos que organizan la composición de la obra, son procedimientos dominantes […], todos los otros procedimientos necesarios a la creación del conjunto artístico están sometidos a estos. El procedimiento dominante se llama la dominante. El conjunto de dominantes representa el elemento que autoriza la formación  de un género “ (citado por Fernando de Toro, Semiótica del teatro: del  texto a la puesta en escena.1987)

Para Tomachevski, existe una gran complejidad en las clasificaciones, y la única clasificación posible es histórica, que ha de ser, necesariamente, pragmática y utilitaria:

 “Se crean clases particulares de obras (los géneros) que se caracterizan por una agrupación de procedimientos alrededor de los procedimientos perceptibles, que llamamos los rasgos de género” [citado por Dómínguez Caparrós, pág.138]

El análisis puede acabar en una mera recensión de rasgos individuales.

4. MÁS TEORÍAS DEL S.XX

4.1. Benedetto Croce (Estética, 1938), en contra del historicismo y el intelectualismo de la estética, niega el concepto de género literario. La obra poética es una e indivisible, y es absurdo introducir distinciones. No rechaza la noción de género, que es un instrumento útil en la sistematización de la historia de la literatura, pero es algo ajeno a la obra literaria.

Sus ideas influyen en la estilística idealista alemana (Vossler, Spitzer) y en la española (A. Alonso).

El argentino ENRIQUE ANDERSON IMBERT también niega la existencia de los géneros.

4.2. Mijail Bajtin (Los géneros del discurso, 1952), en el marco de una teoría del enunciado lingüístico, distingue entre géneros discursivos primarios y secundarios. Los géneros literarios son segundos (o complejos) porque surgen de condiciones de comunicación cultural más compleja, y se desarrollan a partir de muchos discursos primarios. Bajtin habla de forma arquitectónica  y forma composicional de las artes.

4.3. Todorov (1970) se aproxima a una reinterpretación de la idea de género, de cuya existencia no duda. Dominguez Caparrós señala que Todorov rechaza las cuatro objeciones principales a la existencia de géneros: a) que haya que conocer todas las obras para llegar a la definición de un género; b) que sea difícil hallar el nivel en el que situar las diferencias entre “género” y “obra individual”; c) niega la contradicción entre ideal de originalidad y necesidad de repetición genérica; y d) la aparente falta de sometimiento de la literatura moderna a los géneros.

Sigue las teorías de Northrop Frye (1957) en su intento de encontrar los rasgos propios de cada género, y diferencia distintos géneros literarios. Para T.Todorov la teoría de los géneros literarios se ha de basar en una representación o modelo de la obra literaria, y una vez establecidos teóricamente, los géneros deben contrastarse en los textos. Todorov no duda de la existencia de diferentes géneros de discurso y establece determinadas premisas desde las que se puede elaborar una tipología:

– la teoría de los géneros parte de una representación (modelo) de la obra literaria.

– hay que situar las estructuras literarias en un nivel

–los géneros literarios son históricos (derivados de una observación de los hechos literarios) y teóricos (deducidos de una teoría de la literatura).

– los géneros teóricos, según su estructura, pueden ser elementales (según la presencia o ausencia de un solo rasgos estructural) y complejos (por la presencia o ausencia de una conjunción de rasgos).

– los géneros teóricos han se ser comprobados en los textos, y los géneros históricos deben ser explicados por la teoría.


4.4. Julia Kristeva, desde una perspectiva semiótica, aborda el problema de la sustitución de los tradicionales géneros por una tipología de los textos, término este que usa para referirse a la totalidad novelesca, y a cuya realización concreta llama enunciado novelesco.

4.5. Marie-Laure Ryan (“Hacia una teoría de la competencia genérica”, 1979) desarrolla una clasificación de los géneros a partir de la teoría de los actos de lenguaje, y propone las reglas pragmáticas de una serie de géneros concretos como el reportaje, la receta, la adivinanza, el chiste, la novela policíaca, el relato de terror, el relato fantástico.

4.6. Jean-Marie Schaeffer (Qué es el género literario, 1989), señala cuatro aspectos de los que depende la tipología de los géneros:

1) todo texto es un acto de comunicación;

2) tiene una estructura de la que se deducen unas reglas;

3) tienen un carácter hipertextual por cuanto se relaciona con otros textos; y

4) es similar a otros textos.

Considera que el género varía según el contexto en que la obra se escribe, de manera que la clasificación puede abordarse desde distintas perspectivas que condicionarán los resultados.

«La dificultad del problema de la identidad genérica de las obras literarias no se debe únicamente al hecho de que los textos sean actos semióticamente complejos, va también ligada al hecho de que las obras, tanto orales como escritas, tienen un modo de ser histórico»

Asocia los géneros tradicionales con actos ilocutivos concretos de Searle

4.7. MªPaz Díez Taboada (1965) hablaba del género como “cauce histórico, tradicional e institucional de comunicación”.

4.8. Miguel Ángel Garrido (1988)  señala el carácter institucional del concepto, en el sentido de que permite al autor escribir dentro de unos moldes, y al lector saber con qué se va a encontrar al abrir una novela o una obra de teatro.

4.9. Lázaro Carreter   (Estilo barroco y personalidad creadora, 1973) Parte de Tomachevski (teoría taxonómica) y define el género literario como “una combinación, a veces muy compleja, de rasgos formales y semánticos.”

Defiende la realidad histórica del concepto de “género” a partir de factores como

-cada género tiene un origen conocido que puede descubrirse

-el género se establece cuando un escritor sigue un modelo anterior

 -el género tiene una estructura con funciones diferenciadas

-el epígono suprime y altera funciones

-la afinidad de género se basa en las afinidades de las funciones

 -el género está vigente durante una etapa más o menos larga.

4.10. Claudio Guillén (Entre lo uno y lo diverso, 1985) analiza seis aspectos de los géneros (histórico, sociológico, pragmático, estructural, lógico y comparativo), y concluye que la cuestión de los géneros es un asunto central en la reflexión teórica sobre la literatura, aunque esa reflexión también está condicionada históricamente, de manera que el problema es enfocado por cada época, escuela o crítico desde planteamientos que le son propios y que constituyen su entorno histórico.

“Los géneros son modelos convencionales cuyo examen requiere un esfuerzo de observación, tanto temática como formal” (Entre lo uno y lo diverso, pág.182)

4.11. Barthes (“El discurso de la historia”, 1967) considera que el problema de los géneros es tarea de investigación propia de la lingüística del discurso.
4.12.  Käte Hamburger (1968) parte de la diferenciación entre géneros miméticos (épica y drama) y no miméticos (lírica)

Podemos establecer las siguientes interpretaciones:

A partir del formalismo ruso hay que considerar a Mijail M. Bajtin, Iuri M. Lotman y la Escuela de Tartu, que desarrollarán algunos aspectos ya tratados por el Formalismo e introducirán otros nuevos. Mijail M. Bajtin (1895-1975), una de las figuras más fascinantes y enigmáticas de la cultura europea de la mitad del siglo XX según Todorov, mantiene perspectivas más sociológicas. Su obra se difunde con la reedición, en 1963, de Problemas de la poética de Dostoievski (1929).

Iuri M. Lotman (1922-1993) y la Escuela de Tartu se conocen, especialmente, según Todorov, a principios de la década de los 60, época de un renovado interés por la semiótica (Simposio de 1962 en Moscú, reediciones de algunos textos, etc.)

1. MIJAIL M.BAJTIN (1895-1975) 

 Las obras más importantes de Bajtin traducidas son.

La cultura popular en la Edad Media y el Renacimiento (1965).

– Problemas de la poética de Dostoievski (1963), donde expone su concepto de polifonía textual.

Teoría y estética de la novela (1975), trabajo en que analiza las estructuras novelescas.

Estética de la creación verbal (1979), recopilación de trabajos sobre estética e historia literaria

La obra de Bajtin supone un nuevo enfoque para la teoría literaria. Su conocimiento en Occidente se debe a representantes del formalismo francés como Julia Kristeva («Une poétique ruinée», prólogo a la reedición de La Poétique de Dostcuíevski, 1970) y Tzvetan Todorov (Mikhail Bakhtin. Le principe dialogique, 1981).

En España destaca el trabajo de Alicia Yllera, Tatiana Bubnova (traductora de su obra en 1980), y Graciela Reyes, que utiliza el concepto bajtiniano de “polifonía textual” (Polifonía textual. La citación en el relato literario (1985), Iris M. Zavala dedica al autor el ensayo La posmodernidad y Mijail Bajtin. Una poética dialógica (1991).

1.1. CÍRCULO DE BAJTÍN, era el nombre de un grupo de amigos que, en los años 1920-1930, trabajaban juntos. Además de Bajtín, se cuenta a Matvej Isaevitch Kagan (1889-1937), Pavel Nikolaevich Medvedev (1891-1938), Lev Vasil’evich Pumpjanskij (1891-1940), Ivan Ivanovich Sollertinskij (1902-1944) y Valentin Nikolaevich Voloshinov (1895-1936). Hay una polémica abierta sobre la atribución de paternidad de los «textos controvertidos» de Medvedev y Voloshinov, textos de Voloshinov que versan sobre la filosofía del lenguaje y sobre el freudismo (El signo ideológico y la filosofía del lenguaje, 1930), y de Pavel Medvedev sobre el formalismo ruso (El método formal en los estudios literarios, 1928).

1.2. BAJTIN Y EL FORMALISMO RUSO. Los componentes del Círculo de Bajtin, (como el propio M. Bajtin) se enfrentan al formalismo en cuestiones fundamentales, pese a compartir algunos intereses y puntos de vista.

Bajtín da un enfoque marxista a la lingüística de Saussure: toda ideología está vinculada a su materia social, el lenguaje.

Bajtín también desecha la noción formalista de que la obra es unificada. Considera que la obra puede poseer diversos niveles de dominantes con sus respectivos elementos funcionales.

A) LAS CRÍTICAS AL FORMALISMO RUSO parten de su propio concepto de “poética”. En El problema del contenido, del material y de la forma en la obra literaria (1924), Bajtin considera que la poética está constituída por el contenido (lo cognoscitivo y lo ético, la realidad para Bajtin), el material y la forma.

Lo “cognoscitivo” hace referencia al componente simbolizado o referencial, el conjunto de ideas históricas, filosóficas, etc.

Lo “ético” alude al comportamiento representado por personajes (en el que se basa en re-conocimiento que implica toda experiencia literaria).

Un tercer componente del contenido será la habilidad estética del autor  “para que reconozcamos en las ideas, en la acciones peculiares y, en último término, en los discursos de los personajes las voces representativas (discursos-roles sociales característicos: el político, el funcionario, el sacerdote…) de un determinado cronotropo. Término éste de gran difusión crítica que designa la sociedad en un momento y en un lugar determinados. Al reproducir cada personaje de una narración con su lenguaje ficcional una “voz” representativa del escenario social, el conjunto “dialógico” que forman todas las voces en el contexto de una novela o narración se representa como “polifonía” narrativa o pluralidad concertada de “voces”.  (Crítica Literaria, García Berrio y Hernández Fernández, pág.19.

Critica a los formalistas en varios puntos:

1. Carencia de una estética general. Los formalistas, según Bajtin, tratan de construir un sistema de juicios científicos sobre el arte literario “indepen­dientemente de los problemas de la esencia del arte en general”, en la cual debería integrarse la poética de forma natural, y no como un dominio aislado.

2. Dependencia excesiva de la lingüística. Sin una estética general en la que englobarse, la poética se subordina a la lingüística, elevada a ocupar el papel que estaba destinado a la estética. Hay una sobrevaloración del material lingüístico, concediendo un valor excesivo a la forma, mientras todos los demás valores expresados por el artista (éticos, religiosos, expresivos) son, para los formalistas, simples metáforas. Eso convierte la estética formalista en una estética material.

3. Limitaciones de la estética material. La estética material, centrada exclusivamente en el componente lingüístico, se hace nefasta cuando intenta comprender la obra en su singularidad y su significación estéticas, y provoca errores insuperables, entre los que Bajtin destaca cinco:

3.1. Incapacidad para definir la forma artística. La estética material es incapaz de comprender y definir la forma artística, porque olvida que toda forma es sostenida por una intención emocional y voli­tiva (del artista y el receptor), y se halla orientada hacia algún valor exterior al simplemente material.

3.2. Imposibilidad de comprender el “objeto estético”. La estética material sólo llega a la obra como objeto de la física o la lingüística.

3.3. Confusión de “formas arquitectónicas” y “formas composicionales”. Bajtin distingue entre formas arquitectónicas y procedimientos composicionales. El formalismo confunde entre el aspecto estético abstracto (formas arquitectónicas), y las formas concretas perceptibles físicamente (procedimientos composicionales).

3.4. Incomprensión de lo “estético” en general, porque no hay, en la estética material, un material organizado, una técnica.

3.5. Incapacidad para fundar la historia del arte. Al aislar las artes, y tratar la obra como cosas, la estética material solo puede ofrecer un cuadro cronológico de las modificaciones de los procedimientos técnicos de un arte dado.

…las conocidas censuras de Mijaíl Bajtín a los conceptos de contenido y forma en la escuela rusa del método formal. AL reclamar Bajtín la diferencia entre formas composicionales (combinatoria de estructuras sintácticas y expresivas inmanentes al texto constituido) contempladas habitualmente por los análisis formalistas de “literariedad”, y formas arquitectónicas (amplias categorías culturales, como lo cómico, lo dramático, etc.) constitutivas del sistema estético de la Literatura, Bajtín apuntaba a la inespecifidad e insuficiencia estética de los rasgos estrictamente lingüístico-textuales a los que designaba como el material de la obra literaria”. (Crítica Literaria, García Berrio y Hernández Fernández, pág.56.)

B) Pero Bajtin y el formalismo también tienen INTERESES COMPARTIDOS, en especial la utilidad de la estética material para la descripción de la obra artística.

1.3. CONCEPTOS FUNDAMENTALES DE BAJTIN.  Es difícil adscribir a Bajtin a una corriente concreta de pensamiento. Su concepción del lenguaje deriva de la idea de que todo producto ideológico es un signo, en cuanto que tiene una significación. “La palabra es el fenómeno ideológico por excelencia”, dice Voloshinov (1929). Ponen de manifiesto el carácter heterogéneo del lenguaje (heterogeneidad ya descubierta por Jakobson y el Círculo Lingüístico de Praga, que teorizaron sobre las distintas funciones sociales del lenguaje). Para Bajtin, el lenguaje y la palabra “son el indicador más sensible de las transformaciones sociales”. El profesor Manuel Asensi dice: al hablar de transformación social hay que tener en cuenta que en ella participan agentes sociales y clases sociales en conflicto, de manera que lo que el lenguaje “refleje” será también conflictivo, dispar, heterogéneo. […]; mientras la clase dominante pretende homogeneizar y eternizar su modo lingüístico, las clases dominadas tratan de hacerlo saltar, acelerándolo, cambiándolo (Historia de la Teoría de la literatura, vol. II, pág.460). El signo, más que reflejar, refracta.

1.3.1. PENSAMIENTO DIVERSIFICADO Y ASISTEMÁTICO pero con dos facetas fundamentales (dejando a un lado sus teorías generales sobre estética que no interesan aquí, porque Bajtin puede ser considerado como filósofo, filólogo y teórico de la literatura):

– la del teorizador de la novela y de la prosa en sus aspectos estructurales, estilís­ticos e históricos,

– la del lingüista interesado en el análisis del discurso, el lenguaje como enunciación y como enunciado.

 1.3.2. TEORÍA DE LA NOVELA. La novela es el género dialógico por excelencia, el que presenta un conglomerado más rico, un sistema dialógico más variado de imágenes, de “lenguas” y de estilos. Para bajtin, el género de la novela está vinculado al despertar histórico de las clases bajas. Bajtin considera que la novela, más que un género, es un antigénero que rompe con la armonía de los demás géneros (“La palabra en la novela”, 1935; Épica y novela”, 1941; Rabelais y su mundo, 1940 y 1965).

La novela es un fenómeno pluriestilístico, plurilingual y plurivocal, en el que se parodia los demás géneros, se desenmascaran sus convencionalismos dándoles un sentido nuevo.

Introduce la idea de POLIFONÍA; refiriéndose a la obra de Dostoievski dice:  “No se intentará de orquestar los diversos puntos de los personajes. La conciencia de éstos no se funde con la del autor ni se subordina, a su punto de vista, sino que conserva su integridad e independencia: No son sólo objetos del universo del autor, sino sujetos a su propio mundo significante”.

 1.3.3. Esta es la base de la llamada LINGÜÍSTICA DEL DISCURSO. Bajtin señalaba que la lingüística se había limitado hasta entonces a estudiar las unidades menores del discurso, desde el fonema a la oración, sin pasar del dominio del nivel de la sintaxis. La apropiación del discurso del otro es un procedimiento que forma parte de un fenómeno más general, el de los géneros del discurso, “moldes” que gobiernan la interacción entre el “yo” y el “tú” hablantes. Los géneros son variadísimos, y en ellos la unidad básica es el enunciado: igual que, para Bajtin, sin género líterario no podría existir la literatura, sin género discursivo no podría existir la comunicación. En esta lingüística del discurso se enmarca la teoría del enunciado, según la cual, en todo enunciado hay dos aspectos:

uno reiterable, que procede de la lengua, y que es común a numerosos enunciados;

otro único, que desborda lo lingüístico y viene dado por el contexto de enunciación

 Este carácter de “único” representa lo individual, donde reside el significado del texto. Es la parte del enunciado donde se da una relación con la verdad, la justicia, la belleza, el bien, la historia.

El conjunto de los enunciados de una comunidad constituye su vida verbal, y ésta se caracteriza por la heterología.  Entre los enunciados se pueden establecer distintas relaciones, de forma que ningún enunciado puede entenderse al margen de esas relaciones, a las que Bajtin denomina relaciones dialógicas (fenómeno del discurso ajeno, precursor de lo que luego se llamaría “intertextualidad”, un enunciado “se apropia” de otro enunciado). El género dialógico por excelencia es la novela.

Bajtin cree que lo individual y lo social son simultáneos, no opuestos, y, por tanto, presentan una estructura dialógica: al hablar, coexisten lo personal y lo colectivo, de forma que la función comunicativa de la lengua no puede analizarse solo desde el punto de vista del hablante: es en la interacción con el receptor donde tiene lugar la significación: “Toda palabra expresa a “una persona” en relación con “la otra, dice Voloshinov (1929)

A la hora de considerar lo peculiar y único de un enunciado, hay que examinarlo en situación, en la comunicación verbal que se da en el interior de un dominio concreto, y en relación con otros enunciados, con los que establece relaciones particulares de natu­raleza dialógica, intertextual.

 1.3.4. DIALOGISMO La clave de todo el pensamiento de Bajtin es probablemente el concepto de dialogismo formulado ya en 1924, en El problema del contenido, del material y de la forma en la obra literaria, que aplica al lenguaje, a la historia literaria, a la antropología filosófica, etc.

2. IURI LOTMAN (1922-1993) Y LA SEMIÓTICA RUSA.

Las aportaciones teóricas de Lotman se encuentran reunidas en La estructura del texto artístico (1970), pese a que son muchos sus escritos. Mantiene puntos de contacto con los formalistas pero aplica la semiótica a la cultura y el arte en general, no sólo la literatura. Y es que la semiótica ha estado presente en todos los tiempos como una rama de estudio (los médicos griegos llamaban semiótica a la parte de la medicina centrada en diagnosticar las enfermedades a través de sus signos, los síntomas). Las teorías nominalistas ya se apoyan en el valor de signo, pero suele considerarse a John Locke el introductor del término “semiótica” para referirse a una “ciencia de los signos y de la significación constituida a partir de la lógica concebida como ciencia del lenguaje”; es en el siglo XX cuando Saussure y Pierce hacen de la semiótica una propuesta científica. A partir del Congreso de 1969 se unificaron en “semiótica” los conceptos de semiología y semiótica manejados hasta entonces con matices diferentes (cf. Manuel Asensi, 2003, pág.602-ss)

En el siglo XX Saussure y Pierce hacen de la semiótica una propuesta científica.

A la muerte de Pierce (1914) y de Saussure (1913), las bases de la Semiótica ya están asentadas en EEUU y en Europa en dos tradiciones diferentes. A finales de los 60 ambas tradiciones se ven unificadas en los trabajos de autores como Lotman, Terence Hawkes, Julia Kristeva, J.Derrida y U.Eco.

 2.1. LA SEMIÓTICA RUSA. Con el simposio celebrado en Moscú en 1962 para estudiar los sistemas de los signos, consecuencia del renovado interés por la lógi­ca y la lingüística matemáticas, la cibernética o la traducción automática surgidos unos años antes, se da el nacimiento de la conocida semiótica rusa (en 1961, la Universidad de Gorki celebró un Simposio para la aplicación de los métodos matemáticos al análisis del lenguaje literario).

 2.1.1. EN EL SIMPOSIO CELEBRADO EN MOSCÚ EN 1962, al que no asiste Lotman, se perciben ya algunas caracte­rísticas de la semiótica rusa:

 2.1.2. LAS ESCUELAS DE VERANO de Tartu (Estonia) celebradas desde 1964, dará lugar a la publicación, por parte de Iuri Lotman, de los trabajos presentados: Trabajos sobre los sistemas de signos. Se han determinado un primer período (1964-1970), centrado en el estudio de la literatura, y un segundo período con los trabajos de la década de los 70, más próximos a estudios de la cultura como sistema de signos. Además de Lotman destacan Boris A. Upspenskij, Z.G. Ming, S.S. Averincev y V.V. Ivanov.

 2.1.3. REPRESENTANTES de la Semiótica rusa son, según Françoise Lhoest (Regards sur la sémiotique soviétique, 1979, y traductora de algunos textos fundamentales):

– A. A. Zaliznjak, lingüista;  V. N. Toporov y V. V. Ivanov, especialistas en mitología y religión eslava e indoeuropea; T. J. Elizarenkova especialista en lengua y mitología de los Veda; E. M. Meletinskij, especialista en fol­klore y mitología de muy diversos países; A. J. Syrkin, especialista en la India; A. J. Gurevic., historiador y germanista;  Boris A. Uspenski, autor de Poética de la composición (1970), traducido al inglés en 1973;  Iuri M. Lotman

Bajo la dirección de Iuri Lotman, el TZS realizó publicaciones en dos períodos:

-1964-1970: centrado en el estudio de la literatura,

 -década de los 70: trabajos más próximos a estudios de la cultura como sistema de signos.

•El primer número de TZS fue el libro de Iuri M.Lotman Lecciones de poética estructural (1964)
•El segundo número (el primero colectivo) matiza sobre el objeto de estudio:  “El  conjunto de problemas que es preciso abordar analizando el mito, el folklore, el ritual, la literatura, las artes plásticas como sistemas sígnicos de modelización es tan variado, y la cantidad de cuestiones sin resolver es tan grande que difícilmente los miembros de la Escuela de verano podían llegar a una misma opinión. La redacción no consideraba útil uniformar artificialmente los puntos de vista”.
•La Escuela de Tartu no propone una doctrina única ni un metalenguaje único.

 2.1.4. CARACTERÍSTICAS DE LA SEMIÓTICA RUSA son las siguientes:

– no forman un grupo netamente separado de otros estudiosos,

– predominan los trabajos concretos, prácticos, en lingüística, poética, semiótica de la cultura, junto a discusiones teóricas acerca de los sistemas sig­nificantes,

-su medio de difusión son los artículos cortos, más que las grandes monografías.

El resultado de todo ello es “un mosaico multiforme y multicolor”, según F. Lhoest.

2.2. IURI LOTMAN Es el representante de la semiótica  rusa más conocido en Occiden­te, y se han hecho muchas traducciones de sus trabajos. Fue Historiador de la literatura formado en Leningrado, donde siguió la tradi­ción de Eichenbaum y Tinianov, y, antes de dedicarse a la semiótica, era un espe­cialista en el siglo XVIII y principios del siglo XIX. Su obra va del estudio de determinados materiales concretos, la literatura, al conjunto global en que se enmarcan dichas obras completas, es decir, de la parte al todo, del estudio de distintos tipos de lenguajes a la idea globalizadora de semiosfera, y a través del concepto de cultura. Su concepción del signo se establece en el marco de las relaciones entre los distintos sistemas de signos.

 2.2.1. Lotman centra sus Lecciones de poética estructural (1964) en la SEMIÓTICA RUSA. Este libro será básico para su libro más conocido y tra­ducido, La estructura del texto artístico (1970), calificado de “obra sintética y sistemática” por Todorov.

2.2.2. Lotman considera la cultura como un texto y un texto se define como una expresión (se manifiesta por determinado sistema de signos), una delimitación (con unprincipio y un final) y una estructura (el texto es un todo organizado cuyos elementos se interrelacionan). Lotman desarrolla una SEMIÓTICA DE LA CULTURA en Sobre la tipología de la cultura (1970), Sobre el mecanismo semiótico de la cul­tura (1971), en colaboración con Uspenskij, y Semiótica del cine y problemas de estética (1973).

“La cultura se estudia como texto, aunque se trata «de un texto complejamente organizado que se dispersa en una jerarquía de `textos dentro de otros textos¨ y que forma complejas entretejeduras de textos». En este texto de cultura puede entrar también, simultáneamente en calidad de texto y de mecanismo de creación de textos, la Ciudad (por ejemplo, san Petersburgo)”. ( “La Escuela de Tartu como Escuela”, Peeter Torop,  pág. 8).

2.2.3. Lotman distingue entre lenguajes naturales y lenguajes artificiales: el texto literario es un producto de, al menos, dos lenguajes superpuestos, ya que el lector debe conocer el código de la lengua y además el código literario. El concepto fundamental de SISTEMA MODELIZANTE SECUNDARIO  (frente al Sistema Modalizante Primario, que son las lenguas naturales) es explicado por Lotman (La estructura del texto artístico, 1970), siguiendo la hipótesis Sapir-Whorf, según la cual la lengua determina la organización socio cultural y la visión del mundo de una colectividad.

 La lengua natural es sistema porque posee las características de cualquier objeto semiótico (interdependencia, funcionalidad y diferencialidad); es modelizante porque modela, construye la visión de mundo de aquellos que la usan. Dicho de otra manera, un sistema modelizante es aquel a través del cual una comunidad o indivi­duo percibe el mundo, al tiempo que modela ese mundo para él. Así, una lengua natural como el español es un sistema modelizante por­que a través de ella tenemos una concepción del mundo, y nuestra experiencia vital está determinada por ese sistema lingüístico.

Todos los sistemas semióticos se construyen siguiendo el tipo del lenguaje natural, y son sistemas semióticos o modelizantes secundarios, para diferenciarlos de las lenguas naturales y de los metalenguajes científicos. El arte es un lenguaje secundario, y la obra de arte es un texto construido con ese lenguaje. Esta es la tesis fundamental de la semiótica rusa, que Lotman apli­ca a la obra de arte literaria.

2.2.4. Lotman considera que el sistema semiótico literario no es un sistema aislado y no puede ser estudiado en sí mismo, sino que hay que entenderlo a partir de las complejas relaciones que mantiene con el resto de sistemas de signos que componen una cultura. Lotman habla de un “continuum” semiótico al que él y la escuela de Tartu denominan “SEMIOSFERA” (Lotman, 1984): el espacio semiótico es considerado como un espacio único, delimitado por fronteras y caracterizado por la irregularidad semiótica.

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