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Los estudios de la literatura pueden agruparse según la especialidad de su enfoque, pese a que a veces hay controversia sobre hasta qué punto estas disciplinas alcanzan el carácter de “ciencia”.

Las Artes Liberales: el trivium y el quadrivium

 

1. LAS CIENCIAS HUMANAS

Hoy en día se acepta que la teoría literaria está constituida como disciplina, ya que existe el acuerdo, más o menos definido, de cuál es su objeto. Pertenece al grupo de las llamadas Humanidades, entendidas como el campo de saber que no se incluye en las ciencias de la naturaleza, y es una disciplina que cuenta con unos métodos determinados que cumplen unos fines concretos.

1.1. Wilhelm Dilthey (1833-1913) y las ciencias del espíritu.

Wilhelm Dilthey, en su Introducción a las ciencias del espíritu (1883) persigue la fundamentación filosófica de las ciencias del espíritu, entre las que incluye aquellas cuyo objeto de estudio es la historia, la política, la jurisprudencia, la teología, la literatura o el arte. Es decir, son las ciencias que tienen como objeto la realidad histórico-social.

Aunque echa de menos una discusión sobre los fundamentos de estas ciencias, parecidos a los que existen sobre las ciencias de la naturaleza, determina que el origen de las ciencias del espíritu se debe a ejercicios de funciones sociales; la gramática, la retórica, la lógica, la estética, la ética, la jurisprudencia y las demás disciplinas han surgido porque el individuo toma conciencia y reflexiona sobre su propia actividad. Todas estas ciencias tienen carácter histórico, y forman una unidad porque incluyen lo que Domínguez Caparrós llama “el análisis de la vivencia total del mundo espiritual” (2002, pág.86)

Si toda ciencia se caracteriza por unas proposiciones que pasan de hipótesis a leyes universales, las proposiciones de las ciencias de este tipo según Dilthey son: hechos (carácter histórico), teoremas, juicios estimativos y normas (elemento práctico).

[Domínguez Caparrós señala la relación de esa división con la división disciplinar entre la ciencia que se ocupa de hechos históricos (historia literaria), la que formula teoremas (teoría literaria) y otra que plantea juicios estimativos y normas (crítica literaria)]

1.2. Hans-Georg Gadamer (1900-2002): buscando la verdad.

Gadamer se enfrenta a los peligros de la dogmaticidad científica y pretende modificar el objeto filosófico con la creación de unahermeneútica filosófica o teoría de la experencia humana del mundo.

Según Gadamer, las llamadas ciencias del espíritu se ocupan de realidades –como la filosofía, el arte o la historia– extracientíficas, que quedan fuera de la verdadera ciencia: “formas de experiencia en las que se expresa una verdad que no puede ser verificada con los medios de que dispone la metodología científica” (Verdad y método,1960). No obstante, tienen una pretensión de verdad que se trata de legitimar filosóficamente, y Gadamer defiende la experiencia de verdad que se da en el arte y en la tradición histórica por encima de las limitaciones que pueda suponer el aplicar conceptos de verdad científica. La verdad, en la historia y en el arte, es producida por la interpretación.

Para que las ciencias del espíritu alcancen validez, tienen que reconciliarse con la tradición, admitiéndola como fuente de verdad, pero sin la pretensión de hacerlo de forma científica. Los modos de conocimiento que sirven de modelo a la verdad que producen las ciencias del espíritu, son, según H.-G. Gadamer, la comprensión del pasado y la interpretación de la obra de arte, dos procesos que no pueden reducirse a la ciencia moderna.

2. LOS ESTUDIOS LITERARIOS

2.1. La ciencia de la literatura.

"En una valoración rápida, la ciencia y la literatura 
sirven a dos divinidades contrarias:
 la inteligencia y las emociones" 
(Alberto G.Rojo)

El estudio de la literatura presenta unos rasgos especiales entre las Humanidades, que están determinadas por la aplicación de métodos propios en el conocimiento de su objeto, y por las propias características de la literatura y las dificultades de su definición. La ciencia literaria, que integra la historia, la teoría y la crítica, no siempre ha sido sistematizada como una disciplina que forma parte de un grupo más amplio de estudios (filológicos, filosóficos, semióticos, estéticos, ciencias del espíritu o ciencias sociales)

Algunos críticos han intentado establecer definiciones. El semíótico argentino  Walter D. Mignolo habla del campo de los estudios literarios -en los que convergen términos como “teoría literaria”, “teoría de la literatura”, “poética”, “ciencias de la literatura”- como un campo “indiferenciado e intuitivamente reconocido” (1978).  Existe, pues, la necesidad de un término para designar el conjunto de los estudios literarios, comparable a sociologíaantropología, por ejemplo, y el término que propone Mignolo es literaturología, (poética está demasiado relacionado con la antigua poética clásica y con la moderna poética lingüística)

Otros autores, como Lázaro Carreter (1976), proponen la integración de la poética (denominación que reivindica) en un marco teórico más amplio que proporciona la semiótica o semiología.

La aproximación a las obras literarias desde una perspectiva semiótica supone un enriquecimiento porque, como destacó ya Lázaro Carreter (1976: 29), rompe con la idea formalista y estructuralista de la obra encerrada en sí misma, sin conexión con el exterior, y la pone en contacto con los demás sistemas de signos, especialmente las otras artes, con el autor y el receptor como extremos del proceso comunicativo…” (David Viñas, Historia de la crítica literaria, 2007, pág.467) .

El problema, señalado por Mª C. Boves, es que, según la definición de la Semiótica que señaló Saussure, como ciencia que estudia la vida de los signos en el seno de la vida social, prácticamente todos los objetos de las llamadas ciencias del espíritu, serían objeto de la semiótica, con lo cual los estudios literarios seguirían ocupando un territorio impreciso.

2.2. Las disciplinas literarias: intentos de organización.

2.2.a. René WellekAustin Warren, en su Teoría literaria, afirman que “teoría literaria, un Organon metodológico, es la gran necesidad de la investigación literaria en nuestros días” (1949) Parece claro que el estudio de la literatura admite tres enfoques: teoría, historia y crítica, y la teoría es la disciplina básica para las otras dos. Además, estos autores enuncian la necesidad de una reconstitución de un cuerpo de principios teóricos relacionados con la antigua poética, y que habían sido relegados por el auge del historicismo. Wellek y Warren establecen la siguiente clasificación:

DISCIPLINA OBJETO MODO

Teoría literaria

Principios de la literatura

Historia literaria

Obra concreta En orden cronológico

Crítica literaria

Obra concreta Enfoque estático

2.2.bAlfonso Reyes (1889-1959), en La crítica en la edad ateniense, 1941) considera que el estudio general de la literatura es crítica literaria, y la crítica es historia, teoría o preceptiva literaria en función de su manifestación. Cuando “la crítica se limita a registrar los hechos, se queda en historia de la literatura; cuando define, “por esquema y espectro”, el fenómeno literario, es teoría de la literatura; cuando pretende dictar reglas a la creación, basándose en la experiencia o la doctrina, […], se desvirtúa en preceptiva” (1941).

Reyes distingue tres grados de acercamiento a la obra: la crítica artística, la ciencia de la literatura, y el juicio, (que es “aquella alta dirección del espíritu que integra otra vez la obra considerada dentro de la compleja unidad de las culturas”).

Al conceder a la crítica un carácter fundamental, básico y fundacional de todo acercamiento a la literatura, Reyes da cabida a la preceptiva, con la derivación de carácter normativo que tiene en la teoría literaria clásica, a diferencia de la ciencia de la literatura actual, que, como actividad analítica que es, prescinde de preceptos y recetas. Lo que él considera crítica literaria es lo comúnmente conocido como ciencia de la literatura, que abarca el estudio general de la literatura en tres aspectos particulares: historia, teoría y crítica

2.2.c. Tzvetan Todorov, (Poétique ,1968) teoriza desde el estructuralismo francés y usa el término “poética” como sinónimo del de “teoría literaria” de Wellek. Para delimitar la poética, a la que define como un acercamiento a la literatura a la vez “abstracto” e “interno”, Todorov distingue dos actitudes básicas dentro de los estudios literarios:

– ver en el texto literario un objeto suficiente de conocimiento, que es la actitud de la interpretación, exégesis, comentario, explicación del texto, lectura, análisis o crítica; su objetivo es el sentido de la obra;

– tratar de establecer leyes generales de las que el texto literario es un producto, que es la actitud de la ciencia, la actitud que adoptan los estudios psicológicos o psicoanalíticos, filosóficos o sociológicos. Se trataría del tipo de estudios que Wellek y Warren denominan “acercamientos extrínsecos”.

Entre estas dos posiciones se sitúa la poética, que, en palabras de Domínguez Caparrós (2002), “contra la primera actitud, no busca el sentido, sino las leyes generales que presiden el nacimiento de cada obra; y que, contra la segunda actitud, busca estas leyes en el interior de la literatura misma”. El objeto de la poética son las propiedades del discurso literario, y su finalidad es proponer una teoría de su estructura y su funcionamiento. La poética se relaciona con otros estudios literarios: con la crítica (con la que es complementaria), y con la historia literaria. Así, la poética de Todorov vendría a ser una teoría literaria, no muy alejada de los planteamientos de Wellek.

3. LAS CIENCIAS LITERARIAS

Las ciencias que se ocupan del estudio de la literatura pueden clasificarse en cuatro:

Historia Literaria (Perspectiva diacrónica).

-Teoría Literaria (Descriptiva)

Crítica Literaria (Juicio)

-Literatura Comparada, con dos ramificaciones: la que compara una literatura con otra y la que compara la literatura con otras disciplinas artísticas.

3.1. LA TEORÍA LITERARIA

Para la definición de la teoría literaria hay  algunos aspectos que considerar:

– la teoría literaria no tiene una doctrina con límites perfectamente definidos,

-determinados problemas son recurrentes desde la Antigüedad (cuestión de los géneros, el lenguaje literario…)

-los aspectos menos constantes son los temas  generales relacionados con el valor estético o con la función social de la literatura

– existe una gran riqueza del pensamiento teórico de las principales corrientes y escuelas, sobre todo de las del siglo XX, en que no es raro  que cada una se presente con vocación de diferenciarse de las demás.

3.1.a. René Wellek considera en la teoría literaria:

– un organon metodológico,

– el estudio de principios, categorías y criterios propios de la literatura,

– una teoría de la crítica y de la historia literarias.

– un sistema de principios y una teoría de los valores literarios.

Según Wellek, se trata de una ciencia, cuyo ideal científico es de índole empírica, con una forma de proceder descriptiva y objetiva, que consiste en la “observación, clasificación y caracterización de los mecanismos verbales propios del universo literario en un sentido amplio”.

Wellek también ve la relación de la poética con la crítica, con la historia literaria y con la estética, si bien la teoría literaria debe mantener sus límites definidos.

3.1.bDouwe W. Fokkema y Elrud Ibsch (Teorías de la literatura del siglo XX, 1977) defienden la interrelación de la teoría, la historia y la crítica literaria. Lo que caracteriza a la crítica literaria es la elaboración de “conceptos generales y modelos que expliquen los desvíos individuales y den cuenta de la base histórica de todas las literaturas”.

La moderna poética destaca por el inmanentismo y coherencia de sus conceptos y métodos, no por unos contenidos verdaderamente nuevos.

3.2. LA CRÍTICA LITERARIA

El estudio de una obra u obras concretas con vistas a su evaluación se conoce como crítica literaria.

3.2.a. Wayne Shumaker, en sus Elementos de teoría crítica (1964), aborda la dificultad de una definición, y dice que “el objeto último de la crítica, sea o no asequible, es la comprensión total y valorativa de la materia crítica”.

3.2.b. Roland Barthes (1915-1980), resume sus planteamientos en Critique et vérité (1966).  Hay dos discursos posible sobre la obra literaria: la crítica y la ciencia literaria. La primera intenta dar a la obra un sentido particular mediante un lenguaje intermediario que permite continuar las metáforas de la obra siguiendo los siguientes puntos:

– todo es, en la obra, significante, es decir, susceptible de significar.

– el lenguaje de la crítica llega a la generalización mediante el uso de las notaciones o rasgos de la obra, que aparecen transformados en forma de metáfora, metonimia, antífrasis…(figuras que consisten en transformaciones de la lógica del significante)

– todo libro es un mundo ante el cual el crítico experimenta la misma sensación que el escritor ante el mundo real, de forma que el crítico es, también, creador de otra obra necesitada, así mismo, de coherencia.

3.2.c. La crítica literaria, pese a las dificultades que plantea su delimitación, es reconocida unánimemente como necesaria para la constitución de la teoría, cuya finalidad busca un mejor conocimiento de las obras concretas. Teoría, crítica e historia se relacionan entre sí y se apoyan mutuamente.

3.3 HISTORIA DE LA LITERATURA

La historia de la literatura implica la definición de un concepto claro de literatura. Durante mucho tiempo, desde el Romanticismo, hacer historia fue la forma tradicional del estudio de la literatura, pero cuando se empieza a imponer el estudio formal de las obras, entra en crisis dicho modelo que estudiaba las relaciones entre la obra y el autor. La historia literaria enfoca el hecho literario como algo cambiante, y la teoría literaria se interesa también por los principios generales que rigen el cambio literario; de ahí que se convierta en una teoría de la historia literaria.

Hay unas cuestiones metodológicas que han sido resumidas por Óscar Tacca (“Historia de la literatura”, en Métodos de estudio de la obra literaria, Ángel Canellas López, José María Díez Borque, 1985), y que se refieren:

-al tipo de delimitación (geográfica, lingüística, histórica) que se sigue al describir una historia de la literatura. Tacca dice que la obra literaria no es ni histórica ni ahistórica, sino extrahistórica (en La historia literaria, 1968).

-a la ordenación, dividida en sistematización y periodización de los hechos historiados (por géneros, por períodos, por escuelas…). Es importante su concepción de la historia como referida a un ámbito espacio-temporal delimitado cronológicamente y cerrado en si mismo.

-a la relación entre la historia y la crítica, qué papel juega cada una.

 

3.4. LA LITERATURA COMPARADA

3.4.a. La literatura comparada, pese a contar con una larga tradición de estudios, presenta los mismos problemas de delimitación que las otras disciplinas literarias. Ya Wellek (1949), comenta la asociación de la literatura con otras  investigaciones (temas de literatura oral, relaciones entre dos o más literaturas, la literatura como algo universal…) El poeta Goethe también señala, en 1957, que la poesía es “patrimonio común de la Humanidad”.

José Domínguez Caparrós, siguiendo a Wellek, defiende la literatura comparada porque “viene a contrarrestar la falacia de la literatura limitada, muy frecuentemente de manera artificial y por necesidades del historiador, a unos márgenes nacionales, que distan de ser acordes con la realidad del fenómeno literario […] La literatura comparada se constituye, pues, como una utopía, en sentido etimológico, y de ahí las dificultades de su definición y sus conocidas crisis” (2002, pág.99). Como señala Claudio Guillén (1983), cuando se trata de Literatura Comparada “todo marco conceptual es provisional y ha de ser puesto a prueba”

3.4.b. Brunel, Pichois y Rousseau, en Qu’est-ce que la littérature comparée? (1983) proponen una definición de la literatura comparada como aquella que se ocupa de la “descripción analítica, comparación metódica y diferencial, interpretación sintética de los fenómenos literarios interlingüísticos o interculturales, por la historia, la crítica y la filosofía, a fin de comprender mejor la literatura como función específica del espíritu humano”.

También dan una descripción más descriptiva diciendo que la literatura comparada es “el arte metódico –por la investigación de lazos de analogía, parentesco e influencia- de aproximar la literatura a otros dominios de la expresión o el conocimiento, o bien los hechos y los textos literarios entre sí […] a fin de mejor describirlas, comprenderlas y saborearlas”. Según esto, la literatura comparada aborda tanto la comparación de la literatura con otras artes como la comparación de literaturas y textos entre sí.

3.4.c. La literatura comparada sirve de conexión entre la teoría y la historia literaria. Como señala Claudio Guillén (Entre lo uno y lo diverso. Introducción a la literatura comparada, 1984), la literatura comparada es una tendencia o forma de exploración intelectual en los estudios literarios.

3.4.d. Pese a algunos antiguos intentos de comparación como el del español P.Juan Andrés  y su Origen, progresos y estado actual de toda la literatura, en el s. XVIII, la literatura comparada propiamente dicha surge en el siglo XIX, con autores como Mme de Staël De l’Allemagne (1813) y Jean-Charles-Léonard Simonde de Sismondi, Histoire de la littérature du Midi de l’Europe (1813).

3.4.e. Respecto al objeto de las comparaciones, los temas son muchos y destacan:

– El intercambio y comercio entre las distintas literaturas.

– El estudio de la relación de la literatura con las otras artes,

– La comparación de temas y motivos presentes en literaturas diferentes.

– La comparación entre los diversos artificios (sistemas métricos, géneros literarios…)

Roland Barthes puede considerarse el representante más significativo de la nouvelle critique. Autor prolífico, con textos sobre literatura, publicidad, cine, música, moda…, ha manifestado en su obra intereses y orientaciones diversas como la lingüística, la política, la filosofía, el psicoanálisis o la teoría literaria.

En su producción se pueden distinguir, de manera muy simplificada, tres épocas más o menos delimitadas:

  • Escritos publicados antes de 1960, de orientación sociológica y temática, en un sentido que también incluye la consideración de la psicología.
  • Trabajos dados a conocer en la década de los 60, con un punto de vista estructuralista.
  • Obra de los años 70, que supone el inicio del postestructuralismo, y en los que, más que la semiología, predomina el interés por la teoría del texto en sentido amplio.

 

1. PRIMERA ÉPOCA

1.1. Le degré zéro de l’écriture(1953). En la línea del pensamiento de Sartre sobre la situación social de la literatura y la responsabilidad del escritor ante la histo­ria, Barthes hace despender dicha responsabilidad de la “forma” y la escritura, más que de los contenidos. Barthes distingue tres conceptos:

  • la lengua, (lo general) sistema de signos y horizonte natural del escritor,
  •  el estilo (lo individual) imágenes, léxico, elocución, que son producto del escritor
  • la escritura, la cual implica la adopción, por parte del escritor, de un “tono”, una toma de postura que se convierte en un acto de solidaridad histórica.

Esboza una historia de la escritura francesa relacionando la forma literaria con la ideología: la escritura clásica y romántica fue la escritura burguesa; cuando el triunfo del capitalismo es ya definitivo y la división de la sociedad en clases evidente, es la época de la escritura pequeño-burguesa, el realismo; y hacia mediados del siglo XX, las crisis ideológicas  llevan a una escritura silenciosa, blanca, neutra e inocente, de la que El extranjero de Albert Camus sería un claro ejemplo: Barthes la denomina de “grado cero”.

1.2. Michelet (1954), dedicado al historiador francés Jules Michelet (1798-1874), supone para Barthes el intento de “reen­contrar la estructura de una existencia (no digo yo de una vida), una temática, si se quie­re, o mejor todavía: una red organizada de obsesiones”. El libro engarza distintos fragmentos, una de las formas más frecuentes de escritura del propio Barthes, en lo que denomina precrítica: una manera de reflexionar acerca de una intuición, un tema, una idea…

1.3. Mythologies, (1957), conjunto de 53 textos escritos y publicados en la prensa entre 1954 y 1956, intenta analizar críticamente la ideología que subyace en diferentes manifes­taciones de la cultura de masas.

Para llevar a cabo tal análisis, Barthes se apoya en una concepción estructural (saussureana) según la cual las representaciones colectivas, como los mitos, deben analizarse como sistemas de signos. esta concepción estructural proporciona los códigos que permiten los distintos sentidos del texto. La pluralidad del texto se puede analizar con la connotación.

En “El mito hoy”, siguiendo el concepto de sistema connotativo de Louis Hjelmslev, Barthes considera el mito como un sistema connotativo cuyo significante es la propia lengua común y cuya significación connotativa es la ideología burguesa. Al signo connotativo resultante lo denomina Barthes signo mítico.

En Mythologies, la literatura, sobre todo la litera­tura tradicional, también aparece caracterizada como un mito (es decir, una forma de ideología). Barthes enfoca la literatura como un sistema semiológico segundo o connotativo.

2. ÉPOCA ESTRUCTURALISTA

Entre 1955 y 1960 Barthes trabaja como investigador de sociología en el CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique), y en 1960 empieza a enseñar en la École Pratique des Hautes Études, donde en 1962 es ya director de estudios de “sociología de los signos, símbolos y representaciones”. En 1976 se hace cargo de la cátedra de semiología literaria, y en 1977 pronuncia la lección inaugu­ral de dicha cátedra.

En sus trabajos aparecidos entre 1963 y 1966 se reúnen, desde el punto de vista teórico y programático, las ideas fundamentales de lo que se denomina nouvelle critique.

2.1. Sur Racine, (1963), generó una gran polémica con los críticos tradicionales. [Raymond Picard, especialista en Racine, recogió los documentos de esta polémica en Nouvelle critique ou nouvelle imposture (1965), y Barthes respondió en Critique et verité (1966), que constituye un auténtico manifiesto de la nouvelle critique].

En Sur Racine Barthes recoge tres estudios ya publicados:

a.“El hombre raciniano en el que Barthes sugiere que el lenguaje del psicoanálisis es el único válido para hablar de un hombre encerrado como Racine.

b.“Recitar a Racine, critica la forma habitual de interpretar el teatro de Racine, que intenta hacerlo expresivo. Para Barthes, la mejor forma de conservar a Racine es alejarlo, mantener las distancias respecto a su obra.

c.“¿Historia o literatura? examina la forma tradicional de hacer historia literaria, disciplina a la que habría que llamar crónica, pues lo que se destaca es el autor, en una sucesión de monografías sobre autores, y en ella no se percibe la diferencia entre la historia y la crítica. Frente a esta forma de hacer historia, Barthes afirma que la literatura debe abordarse desde un punto de vista histórico, en cuanto institución que es, pero, además, es un acto de creación individual, y debe estudiarse como tal.

  • El estudio de la literatura como institución corresponde a la historia literaria
  • La literatura como acto de creación individual es objeto de la crítica.

2.2. Essais critiques (1964), es una recopilación de trabajos publicados entre 1953 y 1963.  

a. “La actividad estructuralista” ilustra los fundamentos de una crítica literaria inspirada en el estructuralismo; para Barthes, un hombre estructuralista se caracteriza por un tipo especial de imaginación. El objetivo de toda actividad estructuralista es reconstruir un objeto, y la estructura es un simulacro del objeto, fruto del análisis estructural, que toma un objeto, lo descompone y lo recompone, y en ese proceso se genera algo nuevo, que es lo inteligible.

Estas operaciones de la actividad estructuralista se llaman recorte y ensamblaje. Recortar el objeto es encontrar en él fragmentos móviles que se relacionan mediante oposiciones. El ensamblaje es la operación por la que se fijan reglas de asociación entre los fragmentos aislados en el objeto de estudio. Así se llega a la construcción de un simulacro de la obra que manifiesta una categoría nueva del objeto, que es su carácter funcional, y, además, “saca a plena luz el proceso propiamente humano por el cual los hombres dan sentido a las cosas”.

b. ¿Qué es la crítica?” supone un intento de explicar en qué consiste la crítica literaria según los presupuestos estructuralistas. Al repasar la crítica literaria francesa, Barthes señala la inspiración del existencialismo (Sartre), del marxismo (L.Goldmann), del psicoanálisis (Charles Mauron) y del estructuralismo, que aprovecha el modelo lingüístico de Saussure, ampliado por Jakobson. Estas corrientes ideológicas son, según Barthes, utilizables, pero el crítico debe suscribir su elección ideológica y confesar, y no tratar de ocultar el parti pris.

Barthes afirma que la crítica es un discurso sobre otro discurso, un lenguaje segundo, o metalenguaje que se ejerce sobre un lenguaje primero, o len­guaje objeto (el de la obra que se trata de analizar). El carácter estructuralista de la crítica queda de manifiesto cuando Barthes asigna a su tarea un carácter exclusivamente formal, que no consiste en “descubrir” en la obra algo “oculto”, “secreto”, “profundo”, que hubiera pasado inadvertido hasta entonces, sino en “ajustar” el lenguaje que proporciona al crítico su propia época (existencialismo, marxismo, psicoanálisis) y el lenguaje elaborado por el autor en las condiciones que le proporciona su propia época. La crítica no tiene por qué reconstruir el mensaje de la obra.

c. “Las dos críticas”, es un ataque contra la crítica universitaria que emplea el método positivista. Barthes muestra su oposición al hecho de que la crítica universitaria no confiese su carácter ideológico y a que rechace todo análisis inmanente, porque se limita a establecer analogías entre la obra y la vida del autor, como si la obra tuviera que expresar forzosamente algo acontecido al escritor, con lo cual se ignora el sentido intrínseco y funcional de la obra, que es su única ver­dad, relativa e histórica.

2.3. Critique et verité (1966), es el auténtico manifiesto de la escuela formalista fran­cesa.

a. En la primera parte de la obra, dedicada a desmontar los principios de la crítica tradicional, Barthes señala como características de esta crítica, su funcionamiento según una serie de evidencias que no son discutidas, que forman el concepto de verosimilitud, y por otra parte, su incapacidad de crear símbolos. Las normas de la verosimi­litud, que Barthes cuestiona son la objetividad, el gusto y la claridad.

b. Frente a esta crítica positivista, Barthes desarrolla los postulados de la nueva crítica, en la que el crítico se convierte en escritor.

Barthes señala una evidencia que la crítica tradicional desconoce, y es que la obra no tiene uno, sino muchos significados. El sentido de una obra cambia a lo largo de la historia, y esta variedad se halla en la estruc­tura misma de la obra, y en esto es en lo que la obra es simbólica. El símbolo es constante, y lo que varía es la conciencia de la sociedad y los derechos que la sociedad le concede. La lengua simbólica, a la que pertenecen las obras literarias, es, por estructura, una lengua plural.

La multiplicidad de sentidos que tiene la estructura de la obra literaria permite dos discur­sos diferentes derivados de ella: el de la ciencia de la literatura (discurso general cuyo objeto es la pluralidad de sentidos) y el de la crítica literaria (discurso que busca dar un sentido particular a la obra). Barthes añade otra forma de dar sentido a una obra, la lectura, que define como “una donación silenciosa e inmediata de sentido”.

Frente a la lectura, la crítica literaria está mediatizada por el lenguaje intermediario de la crítica (psicoanalítica, estructuralista, sociológica, etc.) y el del propio crítico (el lector desea la obra y el crítico desea el lenguaje de la obra). La crítica literaria no trata, por consiguiente, de los sentidos, sino que produce los sentidos; no busca el fondo de la obra, puesto que éste no existe, sino que sólo puede continuar las metáfo­ras de la obra.

2.4. Systéme de la mode (1967) responde a un ideal de análisis estructural con vocación de descripción exhaustiva del objeto estudiado, en este caso la moda femenina a partir de los escritos que hablan de la moda; se trata, pues, de la moda escrita.

2.5. Elementos de semiología (1964) recoge la teoría semiológica que está en la base de los análisis detallados. Es un trabajo clásico sobre esta materia, inspirado en la lin­güística estructural de Saussure, Hjelmslev y Jakobson. 

 

3. ÉPOCA POSTESTRUCTURALISTA

Las obras que Barthes publica a partir de 1970 dirigen ahora la atención hacia el texto, en detrimento del protagonismo anterior de la semiología de base lingüística.

3.1. S/Z (1970), donde Barthes intenta ilustrar y analizar uno de los fenómenos que aparecen señalados en Critique et verité: la pluralidad de sentidos de un texto; utiliza los conceptos metodológicos de lexía y código de significación.

La lexía es una unidad de lectura formada por un fragmento corto, de extensión variable donde pueden encontrarse tres o cuatro sentidos.

El código de significación es “cada una de las fuerzas que pueden apoderarse del texto”, los “temas” o grupos de artificios narrativos que predominan en un texto, porque se puede hablar de más de un sentido en un texto, de una significación plural.

3.2. L’empire des signes (1970) escrito a partir de un viaje al Japón, Barthes analiza la cultura japonesa como si se tratara de un texto en el que, al desconocer la lengua, resulta fácil escapar a la ideología y, por tanto, analizarlo como puro siste­ma de signos, como un simple significante.

3.3. Sade, Fourier, Loyola (1971) es una análisis de la obra de estos autores como creadores de lengua, concibiendo la lengua como lugar donde se manifiestan sus deseos y preocupa­ciones. “Así, la lengua de Sade sería la lengua del placer erótico; la de Fourier, la de la felicidad social, y la de Loyola, la de la interlocución divina” (Domínguez Caparrós, 2002, pág 288)

3.4. Le plaisir du texte (1973) es un libro sobre la lectura y el texto, en que ya se hallaban reflexiones sobre el placer del texto, y en que el texto es enfocado desde la perspectiva del lector, su lengua y su inconsciente. Diferencia entre texto de placer (representado por la cultura y los clásicos) y texto de disfrute o jouissance  (producto del trabajo sobre el lenguaje, de la escritura).

3.5. Roland Barthes par Roland Barthes (1975), es una autobiografía en que pasa revista a su vida, su actividad, sus obsesiones y deseos de la misma manera fragmentaria en que analiza los textos.

3.6. Fragments d’un discours amoureux, (1977) analiza todo el lenguaje e imaginaciones desplegadas en torno al tema del amor como si fuera un texto, un discurso. Hay mucho de psicoanálisis en este acercamiento al discurso amoroso, a partir del texto literario básico para su comen­tario, el Werther de Goethe.

3.7. Leçon (1978) es la publicación de la lección inaugural de la cátedra de semiología literaria, que Barthes ocupa en el Collége de France en enero de 1977. Trata de la literatura (escritura o texto) como trabajo de desplazamiento que se ejerce sobre la lengua, y como lugar de fuerzas de libertad, de las que Roland Barthes ana­liza tres: alojamiento de muchos saberes (mathesis), representación (mimesis) y juego de los signos (semiosis). Barthes resume su pensamiento sobre la semiología, sus relaciones con la lingüística, y la fragmentación y digresión como operaciones fundamentales de su enseñanza semiológica.

3.8. La chambre claire  [ La cámara lúcida, en español] (1980), libro publicado después de su muerte, es un escrito sobre la fotografía.

4. VALORACIÓN DE LA OBRA DE BARTHES

El mismo Roland Barthes, en su autobiografía Roland Barthes par Roland Barthes (1975), establece distintas fases de su actividad

Barthes señala que el intertexto, más que una influencia, indica “una música de figuras, de metáforas, de pensamientos-palabras”; la moralidad es lo contrario de la moral, “es el pensamiento del cuerpo hecho lenguaje”; la secuencia de la obra está constituida por las intervenciones (etapa de mitología social) a las que siguen las ficcio­nes (semiología) para terminar en las explosiones, fragmentos y frases de la última etapa (textualidad y moralidad).

"La información compartida progresa y mejora, de manera que su valor sólo puede aumentar. El conocimiento acaparado simplemente se detiene" Paul Jones,director de iblibio. (http://www.ibiblio.org/index.html)
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