Roland Barthes puede considerarse el representante más significativo de la nouvelle critique. Autor prolífico, con textos sobre literatura, publicidad, cine, música, moda…, ha manifestado en su obra intereses y orientaciones diversas como la lingüística, la política, la filosofía, el psicoanálisis o la teoría literaria.

En su producción se pueden distinguir, de manera muy simplificada, tres épocas más o menos delimitadas:

  • Escritos publicados antes de 1960, de orientación sociológica y temática, en un sentido que también incluye la consideración de la psicología.
  • Trabajos dados a conocer en la década de los 60, con un punto de vista estructuralista.
  • Obra de los años 70, que supone el inicio del postestructuralismo, y en los que, más que la semiología, predomina el interés por la teoría del texto en sentido amplio.

 

1. PRIMERA ÉPOCA

1.1. Le degré zéro de l’écriture(1953). En la línea del pensamiento de Sartre sobre la situación social de la literatura y la responsabilidad del escritor ante la histo­ria, Barthes hace despender dicha responsabilidad de la “forma” y la escritura, más que de los contenidos. Barthes distingue tres conceptos:

  • la lengua, (lo general) sistema de signos y horizonte natural del escritor,
  •  el estilo (lo individual) imágenes, léxico, elocución, que son producto del escritor
  • la escritura, la cual implica la adopción, por parte del escritor, de un “tono”, una toma de postura que se convierte en un acto de solidaridad histórica.

Esboza una historia de la escritura francesa relacionando la forma literaria con la ideología: la escritura clásica y romántica fue la escritura burguesa; cuando el triunfo del capitalismo es ya definitivo y la división de la sociedad en clases evidente, es la época de la escritura pequeño-burguesa, el realismo; y hacia mediados del siglo XX, las crisis ideológicas  llevan a una escritura silenciosa, blanca, neutra e inocente, de la que El extranjero de Albert Camus sería un claro ejemplo: Barthes la denomina de “grado cero”.

1.2. Michelet (1954), dedicado al historiador francés Jules Michelet (1798-1874), supone para Barthes el intento de “reen­contrar la estructura de una existencia (no digo yo de una vida), una temática, si se quie­re, o mejor todavía: una red organizada de obsesiones”. El libro engarza distintos fragmentos, una de las formas más frecuentes de escritura del propio Barthes, en lo que denomina precrítica: una manera de reflexionar acerca de una intuición, un tema, una idea…

1.3. Mythologies, (1957), conjunto de 53 textos escritos y publicados en la prensa entre 1954 y 1956, intenta analizar críticamente la ideología que subyace en diferentes manifes­taciones de la cultura de masas.

Para llevar a cabo tal análisis, Barthes se apoya en una concepción estructural (saussureana) según la cual las representaciones colectivas, como los mitos, deben analizarse como sistemas de signos. esta concepción estructural proporciona los códigos que permiten los distintos sentidos del texto. La pluralidad del texto se puede analizar con la connotación.

En “El mito hoy”, siguiendo el concepto de sistema connotativo de Louis Hjelmslev, Barthes considera el mito como un sistema connotativo cuyo significante es la propia lengua común y cuya significación connotativa es la ideología burguesa. Al signo connotativo resultante lo denomina Barthes signo mítico.

En Mythologies, la literatura, sobre todo la litera­tura tradicional, también aparece caracterizada como un mito (es decir, una forma de ideología). Barthes enfoca la literatura como un sistema semiológico segundo o connotativo.

2. ÉPOCA ESTRUCTURALISTA

Entre 1955 y 1960 Barthes trabaja como investigador de sociología en el CNRS (Centre National de la Recherche Scientifique), y en 1960 empieza a enseñar en la École Pratique des Hautes Études, donde en 1962 es ya director de estudios de “sociología de los signos, símbolos y representaciones”. En 1976 se hace cargo de la cátedra de semiología literaria, y en 1977 pronuncia la lección inaugu­ral de dicha cátedra.

En sus trabajos aparecidos entre 1963 y 1966 se reúnen, desde el punto de vista teórico y programático, las ideas fundamentales de lo que se denomina nouvelle critique.

2.1. Sur Racine, (1963), generó una gran polémica con los críticos tradicionales. [Raymond Picard, especialista en Racine, recogió los documentos de esta polémica en Nouvelle critique ou nouvelle imposture (1965), y Barthes respondió en Critique et verité (1966), que constituye un auténtico manifiesto de la nouvelle critique].

En Sur Racine Barthes recoge tres estudios ya publicados:

a.“El hombre raciniano en el que Barthes sugiere que el lenguaje del psicoanálisis es el único válido para hablar de un hombre encerrado como Racine.

b.“Recitar a Racine, critica la forma habitual de interpretar el teatro de Racine, que intenta hacerlo expresivo. Para Barthes, la mejor forma de conservar a Racine es alejarlo, mantener las distancias respecto a su obra.

c.“¿Historia o literatura? examina la forma tradicional de hacer historia literaria, disciplina a la que habría que llamar crónica, pues lo que se destaca es el autor, en una sucesión de monografías sobre autores, y en ella no se percibe la diferencia entre la historia y la crítica. Frente a esta forma de hacer historia, Barthes afirma que la literatura debe abordarse desde un punto de vista histórico, en cuanto institución que es, pero, además, es un acto de creación individual, y debe estudiarse como tal.

  • El estudio de la literatura como institución corresponde a la historia literaria
  • La literatura como acto de creación individual es objeto de la crítica.

2.2. Essais critiques (1964), es una recopilación de trabajos publicados entre 1953 y 1963.  

a. “La actividad estructuralista” ilustra los fundamentos de una crítica literaria inspirada en el estructuralismo; para Barthes, un hombre estructuralista se caracteriza por un tipo especial de imaginación. El objetivo de toda actividad estructuralista es reconstruir un objeto, y la estructura es un simulacro del objeto, fruto del análisis estructural, que toma un objeto, lo descompone y lo recompone, y en ese proceso se genera algo nuevo, que es lo inteligible.

Estas operaciones de la actividad estructuralista se llaman recorte y ensamblaje. Recortar el objeto es encontrar en él fragmentos móviles que se relacionan mediante oposiciones. El ensamblaje es la operación por la que se fijan reglas de asociación entre los fragmentos aislados en el objeto de estudio. Así se llega a la construcción de un simulacro de la obra que manifiesta una categoría nueva del objeto, que es su carácter funcional, y, además, “saca a plena luz el proceso propiamente humano por el cual los hombres dan sentido a las cosas”.

b. ¿Qué es la crítica?” supone un intento de explicar en qué consiste la crítica literaria según los presupuestos estructuralistas. Al repasar la crítica literaria francesa, Barthes señala la inspiración del existencialismo (Sartre), del marxismo (L.Goldmann), del psicoanálisis (Charles Mauron) y del estructuralismo, que aprovecha el modelo lingüístico de Saussure, ampliado por Jakobson. Estas corrientes ideológicas son, según Barthes, utilizables, pero el crítico debe suscribir su elección ideológica y confesar, y no tratar de ocultar el parti pris.

Barthes afirma que la crítica es un discurso sobre otro discurso, un lenguaje segundo, o metalenguaje que se ejerce sobre un lenguaje primero, o len­guaje objeto (el de la obra que se trata de analizar). El carácter estructuralista de la crítica queda de manifiesto cuando Barthes asigna a su tarea un carácter exclusivamente formal, que no consiste en “descubrir” en la obra algo “oculto”, “secreto”, “profundo”, que hubiera pasado inadvertido hasta entonces, sino en “ajustar” el lenguaje que proporciona al crítico su propia época (existencialismo, marxismo, psicoanálisis) y el lenguaje elaborado por el autor en las condiciones que le proporciona su propia época. La crítica no tiene por qué reconstruir el mensaje de la obra.

c. “Las dos críticas”, es un ataque contra la crítica universitaria que emplea el método positivista. Barthes muestra su oposición al hecho de que la crítica universitaria no confiese su carácter ideológico y a que rechace todo análisis inmanente, porque se limita a establecer analogías entre la obra y la vida del autor, como si la obra tuviera que expresar forzosamente algo acontecido al escritor, con lo cual se ignora el sentido intrínseco y funcional de la obra, que es su única ver­dad, relativa e histórica.

2.3. Critique et verité (1966), es el auténtico manifiesto de la escuela formalista fran­cesa.

a. En la primera parte de la obra, dedicada a desmontar los principios de la crítica tradicional, Barthes señala como características de esta crítica, su funcionamiento según una serie de evidencias que no son discutidas, que forman el concepto de verosimilitud, y por otra parte, su incapacidad de crear símbolos. Las normas de la verosimi­litud, que Barthes cuestiona son la objetividad, el gusto y la claridad.

b. Frente a esta crítica positivista, Barthes desarrolla los postulados de la nueva crítica, en la que el crítico se convierte en escritor.

Barthes señala una evidencia que la crítica tradicional desconoce, y es que la obra no tiene uno, sino muchos significados. El sentido de una obra cambia a lo largo de la historia, y esta variedad se halla en la estruc­tura misma de la obra, y en esto es en lo que la obra es simbólica. El símbolo es constante, y lo que varía es la conciencia de la sociedad y los derechos que la sociedad le concede. La lengua simbólica, a la que pertenecen las obras literarias, es, por estructura, una lengua plural.

La multiplicidad de sentidos que tiene la estructura de la obra literaria permite dos discur­sos diferentes derivados de ella: el de la ciencia de la literatura (discurso general cuyo objeto es la pluralidad de sentidos) y el de la crítica literaria (discurso que busca dar un sentido particular a la obra). Barthes añade otra forma de dar sentido a una obra, la lectura, que define como “una donación silenciosa e inmediata de sentido”.

Frente a la lectura, la crítica literaria está mediatizada por el lenguaje intermediario de la crítica (psicoanalítica, estructuralista, sociológica, etc.) y el del propio crítico (el lector desea la obra y el crítico desea el lenguaje de la obra). La crítica literaria no trata, por consiguiente, de los sentidos, sino que produce los sentidos; no busca el fondo de la obra, puesto que éste no existe, sino que sólo puede continuar las metáfo­ras de la obra.

2.4. Systéme de la mode (1967) responde a un ideal de análisis estructural con vocación de descripción exhaustiva del objeto estudiado, en este caso la moda femenina a partir de los escritos que hablan de la moda; se trata, pues, de la moda escrita.

2.5. Elementos de semiología (1964) recoge la teoría semiológica que está en la base de los análisis detallados. Es un trabajo clásico sobre esta materia, inspirado en la lin­güística estructural de Saussure, Hjelmslev y Jakobson. 

 

3. ÉPOCA POSTESTRUCTURALISTA

Las obras que Barthes publica a partir de 1970 dirigen ahora la atención hacia el texto, en detrimento del protagonismo anterior de la semiología de base lingüística.

3.1. S/Z (1970), donde Barthes intenta ilustrar y analizar uno de los fenómenos que aparecen señalados en Critique et verité: la pluralidad de sentidos de un texto; utiliza los conceptos metodológicos de lexía y código de significación.

La lexía es una unidad de lectura formada por un fragmento corto, de extensión variable donde pueden encontrarse tres o cuatro sentidos.

El código de significación es “cada una de las fuerzas que pueden apoderarse del texto”, los “temas” o grupos de artificios narrativos que predominan en un texto, porque se puede hablar de más de un sentido en un texto, de una significación plural.

3.2. L’empire des signes (1970) escrito a partir de un viaje al Japón, Barthes analiza la cultura japonesa como si se tratara de un texto en el que, al desconocer la lengua, resulta fácil escapar a la ideología y, por tanto, analizarlo como puro siste­ma de signos, como un simple significante.

3.3. Sade, Fourier, Loyola (1971) es una análisis de la obra de estos autores como creadores de lengua, concibiendo la lengua como lugar donde se manifiestan sus deseos y preocupa­ciones. “Así, la lengua de Sade sería la lengua del placer erótico; la de Fourier, la de la felicidad social, y la de Loyola, la de la interlocución divina” (Domínguez Caparrós, 2002, pág 288)

3.4. Le plaisir du texte (1973) es un libro sobre la lectura y el texto, en que ya se hallaban reflexiones sobre el placer del texto, y en que el texto es enfocado desde la perspectiva del lector, su lengua y su inconsciente. Diferencia entre texto de placer (representado por la cultura y los clásicos) y texto de disfrute o jouissance  (producto del trabajo sobre el lenguaje, de la escritura).

3.5. Roland Barthes par Roland Barthes (1975), es una autobiografía en que pasa revista a su vida, su actividad, sus obsesiones y deseos de la misma manera fragmentaria en que analiza los textos.

3.6. Fragments d’un discours amoureux, (1977) analiza todo el lenguaje e imaginaciones desplegadas en torno al tema del amor como si fuera un texto, un discurso. Hay mucho de psicoanálisis en este acercamiento al discurso amoroso, a partir del texto literario básico para su comen­tario, el Werther de Goethe.

3.7. Leçon (1978) es la publicación de la lección inaugural de la cátedra de semiología literaria, que Barthes ocupa en el Collége de France en enero de 1977. Trata de la literatura (escritura o texto) como trabajo de desplazamiento que se ejerce sobre la lengua, y como lugar de fuerzas de libertad, de las que Roland Barthes ana­liza tres: alojamiento de muchos saberes (mathesis), representación (mimesis) y juego de los signos (semiosis). Barthes resume su pensamiento sobre la semiología, sus relaciones con la lingüística, y la fragmentación y digresión como operaciones fundamentales de su enseñanza semiológica.

3.8. La chambre claire  [ La cámara lúcida, en español] (1980), libro publicado después de su muerte, es un escrito sobre la fotografía.

4. VALORACIÓN DE LA OBRA DE BARTHES

El mismo Roland Barthes, en su autobiografía Roland Barthes par Roland Barthes (1975), establece distintas fases de su actividad

Barthes señala que el intertexto, más que una influencia, indica “una música de figuras, de metáforas, de pensamientos-palabras”; la moralidad es lo contrario de la moral, “es el pensamiento del cuerpo hecho lenguaje”; la secuencia de la obra está constituida por las intervenciones (etapa de mitología social) a las que siguen las ficcio­nes (semiología) para terminar en las explosiones, fragmentos y frases de la última etapa (textualidad y moralidad).