1. QUÉ ES LA DECONSTRUCCIÓN

La Deconstrucción, en sentido estricto, es imposible de explicar: no se trata de un método, por lo cual es imposible dar normas o pasos para explicar su forma de ser. Pozuelo Yvancos (1992) lo define como una “modalidad concreta de lectura de textos” y David Viñas como una actitud crítica que plantea el debate contra la crítica literaria y contra los métodos empleados para interpretar los textos.

El profesor Manuel Asensi, especialista en Derrida, va más lejos y señala que la deconstrucción, lejos de ser un simple juego textual, es un modo de resistencia política (“¿Qué es la deconstrucción de Jacques Derrida?” , en Teoría, 11).

Aún así, es necesario tratar de forma metódica algo que, por sistema, se resiste al método. Hay que distinguir entre la Deconstrucción como corriente filosófica y la Deconstrucción como corriente de teoría literaria. Desde el punto de vista de la Teoría de la Literartura, la DECONSTRUCCIÓN está representada por JACQUES DERRIDA, que sin ser un filósofo ni un teórico crítico en sentido estricto, está vinculado al movimiento filosófico que en el s.XX defendió la destrucción de los conceptos de la metafísica en el sentido de Heidegger (como dice Gadamer, “una destrucción de la conceptualidad deformada de la metafísica”. )

La Deconstrucción  es una estrategia filosófica cuyas reflexiones tienen carácter de argumentos rigurosos con los que invertir las categorías filosóficas tradicionales; si en filosofía occidental toda oposición se presenta como un enfrentamiento entre dos estructuras binarias jerárquicas (existencia- esencia, hombre-mujer, ser humano- animal, alma-cuerpo…), la Deconstrucción tratará de invertir esas jerarquías y desmontarlas evidenciando su falta de solidez, sus aporías y paradojas; la primera tarea será, siempre, hallar cuál es la oposición binaria jerárquica que domina en un texto.

La deconstrucción depende literalmente del trabajo textual y por consiguiente impide la exposición de algo así como una teoría externa a esos trabajos o una sistematización interna de los mismos. Lo único que la deconstrucción admite, si se quiere hablar de ella, es la posibilidad de una entrada -por cualquier punto que sea-en sus intervenciones concretas, un recorrido por trayectos donde siempre las intuiciones más firmes, los conceptos canónicos y los modelos retóricos dicen, alegóricamente, otra cosa de lo que dicen. LUCAS FRAGASSO

Por otra parte, J.Derrida está también vinculado a la nouvelle critique, y  será la fuente básica de inspiración de la Escuela de Yale que surge en EEUU a finales de los 60, integrada por Paul de Mann, Geoffrey Hartman, J.Hillis Miller y Harold Bloom; la muerte del primero en 1983 supone el inicio de su final.

 2. LOS PRIMEROS TIEMPOS DE LA DECONSTRUCCIÓN : La DIFFÉRANCE DE DERRIDA (Argelia, 1930- París, 2004)

2.a. 1966 es un año importante en el arranque de la Deconstrucción. En el Institut Français de Psychanalyse, Derrida lee la conferencia Freud y la escena de la escritura, y en octubre participa en Baltimore en un simposio sobre “The Language of Criticism and the Sciences of Man”, en la Universidad Johns Hopkins,  con  “La estructura, el signo y el juego en el discurso de las ciencias humanas”.  En esta conferencia desmonta el pensamiento de la metafísica occidental, en el que las estructuras fijadas limitan el “libre juego”. Pero atacar la metafísica con conceptos que se desarrollan en ella se convierte en un trabajo ingente. Derrida comenta la obra de Lévi-Strauss; afirma que el lenguaje lleva en sí la necesidad de su propia crítica: los conceptos

“…se emplean para destruir la vieja maquinaria a que pertenecen y de la que ellos mismos son piezas. Así es como el lenguaje de las ciencias humanas se critica a sí mismo”.

En este texto hace un comentario sobre el término de Deconstrucción que no usa como sinónimo de destrucción ni aniquilación, sino como una cuestión de mantenerse atento, de estar alerta a las implicaciones del lenguaje que utilizamos.

Esta intervención supone el comienzo del incremento del interés estadounidense ante ciertos filósofos o teóricos franceses. Derrida conoce a Paul de Man y a Jacques Lacan y vuelve a encontrarse con Barthes, Vernant y Goldman.

2.b. En 1967 publica De la grammatologie, La voix et le phénomène (en el que analiza su idea del signo), y L’ écriture et la différence, de  gran influencia en EEUU. Es destacable, sin duda, frente a esta acogida excepcional que se multiplica en el extranjero, que la Universidad francesa  le cierre las puertas.

2.c. Sólo el grupo Tel Quel muestra interés en la persona y en la obra de Derrida, como muestra su inclusión en la publicación  Théorie d’ensemble (1968); Derrida colabora con el texto “La différance”, (en respuesta a las teorías estructuralistas del lenguaje inventa un neologismo sobre el concepto de diferencia saussureano que, fonéticamente, apenas se distingue en francés de différence,) conferencia pronunciada en 1968, que luego (1972) será incluida en Márgenes de la filosofía. (Es la época de LOS UMBRALES DE MAYO DEL 68, aunque Derrida no se implicó directamente en el movimiento estudiantil). La diferencia se convierte en prototipo de lo que escapa a la metafísica occidental. Differance es distinguir (diferenciar) y diferir (posponer). Es lo contrario de la presencia en la que se basa la metafísica.

Estos primeros textos trabajan ya sobre el problema de la significación o la idea de que la interpretación no es mímesis pasiva.

John Lechte (1994, Fifty Key Contemporary Thinkers: From Structuralism to Postmodernity ) explica que el mayor intent de Derrida es subvertir la dependencia que la tradición filosófica occidental muestra respecto a la lógica de la identidad y sus tres leyes: la de la identidad, la de la contracción y la del tercero excluido. Esta lógica excluye de la realidad la complejidad y la diferencia; institucionaliza un sistema de oposiciones binarias que gobierna el pensamiento occidental (sensible-inteligible, naturaleza-cultura, habla-escritura, hombre-mujer… ) pero que, una vez deconstruido, se muestra repleto de paradojas y aporías.

En esas fechas dicta en la École Normale Supérieure (París) y en la Johns Hopkins University (Baltimore), seminarios sobre “Literatura y verdad. El concepto de mímesis” y “La escritura y el teatro. Mallarmé y Artaud”. Otros autores del s. XX como W. Benjamin, retoman el concepto de mímesis considerando la actividad mimética en relación a la práctica social: el lenguaje puede ser visto como el más alto nivel de comportamiento mimético en el que una cadena de significantes es sustituída por otra cadena de significantes.

En el fondo de todo término queda la traza de la razón, una especie de pureza que se caracteriza por la gran diferencia, la capacidad significativa de las categorías filosóficas, previa al momento logocéntrico y metafísico que se caracteriza actualmente por la diferenciación binaria o dualista.

La différance es el «origen» no-pleno, no-simple, el origen estructurado y diferente (de diferir) de las diferencias. […] La différance es lo que hace, que el movimiento de la significación no sea posible más que si cada elemento llamado «presente», que aparece en la escena de la presencia, se relaciona con otra cosa, guardando en sí la marca [marque] del elemento pasado y dejándose ya hundir por la marca [marque] de su relación con el elemento futuro, no relacionándose la marca [trace] menos con lo que se llama el futuro que con lo que se llama el pasado, y constituyendo lo que se llama el presente por esta misma relación con lo que no es él: no es absolutamente, es decir, ni siquiera un pasado o un futuro como presentes modificados. (Derrida)

La historia de la metafísica sería la de la “reducción de la traza” a través de la construida estructura de de los dualismos lógicos y de los distintos monismos; la traza desaparece cuando se la supedita al principio de la inmediatez plena.

En 1972 publica dos colecciones de trabajos en forma de libro:

La Dissémination, donde destacan el trabajo que da título al libro, “La diseminación” (un término derridiano) y “La farmacia de Platón”; y

Marges de la philosophie.

3. LENGUAJE Y LOGOCENTRISMO

Para Derrida, el lenguaje tal y como queda a nuestra disposición después de siglos de impregnación del pensamiento metafísico, es un aparato negativo para la expresión y comunicación rigurosa de significados, de manera que el logocentrismo viene a significar el obstáculo fundamental del pensamiento directo y puro

El metafísico por excelencia es Platón, con su mundo de las Ideas. En la teoría estructuralista se da por sentado un centro de sentido de alguna clase para el pensamiento que sostiene la estructura. Esos centros son metafísicos (yo, Revolución  francesa, ser, esencia, verdad…) y deseados porque garantizan ser en cuanto presencia, creemos que nuestra vida física y mental está centrada en un yo. Al tratar de destruir estos centros nos topamos con sus opuestos. Derrida llama logocentrismo al deseo de un centro que de sentido.

Mientras el Estructuralismo se conformaba con reducir un texto a oposiciones binarias, para Derrida el signo lingüístico no es tanto una unidad compuesta de significante y significado como una fijación momentánea en el proceso temporal del lenguaje. La propia posibilidad de repetición del signo divide su identidad, porque si puede reproducirse en distintos contextos cambiará su significado.

El pensamiento metafísico, para Derrida, está contaminado porque no se fundamenta en categorías puras y exclusivas, sino en el binarismo obligado de las diferencias. Concebir la interpretación como una sustitución de cadenas de significantes implica que el discurso crítico deja de ser transparente: literatura y crítica no se pueden, entonces, separar. La teoría literaria es, ella misma, un texto.  Para la Deconstrucción no existe un “dentro del texto” y un “fuera del texto”: no existe el metatexto ni el lenguaje transparente.

El predominio del logos en la constitución del discurso significativo determina una clave logocéntrica. Por ejemplo, es logocentrista la idea de que el habla es superior a la escritura (Platón, Saussure…) porque está más cerca del significado: logocentrismo es, también, fonocentrismo, y no puede remediarse en términos de filosofía de análisis del lenguaje, y Derrida se opone a esta limitación metafísica que la razón impone al lenguaje, que el saber impone al significado.

4. LA GRAMATOLOGÍA

Derrida sustituye la Gramática como ciencia del lenguaje por la Gramatología como ciencia de la escritura.

En De la grammatologie desarrolla una teoría de la escritura como crítica al logocentrismo.  La primera parte del libro se centra en el análisis de las teorías lingüísticas del signo y la escritura, en la segunda comenta el Ensayo sobre el origen de las lenguas de Rousseau.  El objeto de la Gramatología es explicar por qué lo esencial del lenguaje ha de entenderse conforme al modelo de escritura y no conforme al modelo del habla. El significante lingüístico no es fónico porque es arbitrario. Si en un sistema diferencial los signos, gráficos o fónicos, significan por cuanto difieren de los demás, la identidad de un signo se compone de su capacidad de remitir a los otros o de la huella presente-ausente que los otros han dejado en él. La identidad ya no es una presencia plena, por tanto todo significado es ya un significante. En esta tesitura, la escritura ya no tiene que reducirse a ser fonético-alfabética y lineal, alegando que representa un sentido natural de la voz; pues ésta es sólo una de sus posibles formas: el signo tiene propiedades estructurales que pueden realizarse tanto en la sustancia de la tinta como en la sustancia del aire.

 5. LA ESCRITURA

La escritura o la archi-escritura (también llamada texto), es el término que emplea Derrida para determinar el ámbito general de los signos que anteceden a toda inscripción identificable.

Archi-escritura, primera posibilidad del habla, luego de la “grafía” en un sentido estricto, lugar natal de la “usurpación” denunciada desde Platón hasta Saussure, esta huella es la apertura de la primera exterioridad en general, el vínculo enigmático del viviente con su otro y de un adentro con un afuera: el espaciamiento.” (De la Gramatología).

La escritura se manifiesta como condición de la comunicación por su exterioridad o distancia intrínseca a todo lenguaje. El lenguaje es escritura porque comparte los rasgos que se le suelen atribuir Derrida otorga a la escritura tres características:

  • un signo escrito es una marca que permanece y que puede repetirse en ausencia, no sólo del sujeto que lo emitió en un contexto, sino también de un receptor concreto;
  • un signo escrito puede implicar la ruptura con su contexto real (el del momento de su inscripción) y leerse en uno diferente, independientemente de la intención del escritor;
  • un signo escrito incluye en su constitución un espaciamiento(spacement) en dos sentidos:
    • Se encuentra separado de los otros signos en una cadena particular
    • Se encuentra separado de un referente presente.

Estas características van más allá del lenguaje, porque Derrida extiende el concepto de “escritura” a la totalidad de la experiencia. La escritura es el medio primario de expresión del lenguaje y la archi-escritura está en la base de la palabra hablada y de la palabra escrita.

“…todo signo escrito se adelanta en ausencia al destinatario; más aún, es preciso que la “comunicación escrita” siga siendo legible a pesar de la desaparición absoluta de todo destinatario, “es preciso que sea repetible –reiterable- en la ausencia absoluta del destinatario o del conjunto empíricamente determinable de destinatarios… Una escritura que no fuese estructuralmente legible –reiterable- más allá de la muerte de su destinatario no sería una escritura” (Derrida, 1994:356). Con lo cual arribamos a una afirmación no menos significativa según la cual escribir es producir una marca que constituirá una especie de máquina productora que seguirá funcionando, dándose a leer y reescribir más allá de la desaparición del sujeto responsable del acto de emisión y/o de la intención de significación”. Cristian Cardozo

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