You are currently browsing the tag archive for the ‘Ohmann’ tag.

«La opción de construir un discurso literario […]

es una cuestión de cultura,

 de estar al corriente de un conjunto de reglas

convencionalizadas y de ajustarse a ellas. 

Pero la eficacia estética no está garantizada

a partir de esas reglas convencionales;

hay textos literarios bellos y detestables,

acontecimientos artísticos logrados y fallidos.

 La poeticidad es una de las varias manifestaciones

específicas de la eficacia literaria.»

(A. García Berrio, La construcción imaginaria en «Cántico»,

cit. Por Chico Rico, Pragmática y construcción literariapág. 95)

 

Admitida de manera general la idea de la literariedad, las teorías literarias de finales del s.XX enfocan el texto literario como aquel caracterizado por rasgos lingüísticos que, sin ser exclusivos suyos, se explican como dependientes de un contexto de comunicación que va más allá del texto. Lo literario no se entiende como un conjunto de peculiaridades lingüísticas, sino como un uso concreto del lenguaje con marcado carácter social; son las normas sociales externas al texto las que explican esas características lingüísticas.

La filosofía analítica confluye con la teoría literaria a partir de la hegemonía que adquiere la Semiótica en los estudios de la literatura. En 1938 Charles Morris intenta clasificar las distintas ramas de las que se tendría que ocupar la ciencia de las Semiótica como ciencia de los signos:

– la sintáctica (o estudio de la relación formal de los signos entre sí),

– la semántica (análisis de las relaciones que los signos establecen con los objetos a que hacen referencia) y

– la pragmática o estudio de las relaciones de los signos con sus intérpretes.

Estas tres dimensiones se abarcan e integran sucesivamente, de forma que en las relaciones semánticas están integradas las reglas sintácticas. Y Morris precisa que esta orientación pragmática debe incluir la atención a aquellos mecanismos que regulan el lenguaje literario en sus manifestaciones retóricas y poéticas. Además, puesto que toda norma sintáctica y semántica se impregna, al ser utilizada, de cierto componente pragmático, se establece la primacía de esta línea de investigación sobre las otras dos.

La pragmática, que ha sido definida de muy distintas maneras, se revela como un campo de investigación interdisciplinario.

La dimensión que la perspectiva pragmática pretende iluminar es el enlace entre el lenguaje y la vida humana en general. Por lo tanto, la pragmática es también el enlace entre la lingüística y el resto de las humanidades y las ciencias sociales” (J. Verschueren, Para entender la pragmática, Madrid, ed. Gredos, 2002)

Como señaló M. Bajtin, las lenguas no son sólo sistemas de signos, sino entidades culturales e históricas.

Lo que es evidente es que el desarrollo de la Lingüística ha repercutido en los estudios de literatura y de poética literaria.  Los tres elementos constitutivos de la teoría lingüística señalados, la sintaxis, la semántica y la pragmática, tienen tareas delimitadas muy concretas, siendo la pragmática la única área que se aplica sólo al lenguaje natural  (y no a los lenguajes formales); este análisis pragmático del lenguaje incluye su aplicación a la literatura. La atención al texto es sustituída, como ocurría con la estética de la recepción, por un enfoque más amplio que en la pragmática se centra en la relación entre el texto y el contexto: el texto literario es a la vez acción y lenguaje, y en esta perspectiva se incluirán trabajos de distinta orientación que tienen en común un enfoque de lo literario como fenómeno comunicativo y una consideración de los elementos extralingüísticos como condicionantes del uso de las estructuras verbales en su intención estética.

Se puede decir que la pragmática es aquella parte del estudio del lenguaje que se centra en la acción;  la teoría de los actos del habla de Austin (Cómo hacer cosas con palabras) es fundamental para analizar el texto literario en su funcionamiento.

Dentro de la dimensión pragmática del signo literario se pueden diferenciar dos perspectivas:

-la aplicación a la literatura de la teoría de los actos de lenguaje de Austin, con el intento de dilucidar si la literatura es una acción lingüística especial;

-el estudio de la literatura como acto comunicativo, en el que se podrían incluir determinados acercamientos sociológicos al texto literario que intentan elaborar una teoría de los contextos.

Se da un cambio de paradigma en la visión de los estudios literarios que sustituye el viejo modelo estructuralista, inmanentista y textual por otro enfoque postestructural, comunicativo y contextualista.

1.LA TEORÍA DE LOS ACTOS DE HABLA  de JOHN L. AUSTIN (1911-1960) Y LA LITERATURA

En el marco de esta teoría de la Filosofía analítica y con el objetivo de determinar hasta qué punto el estudio de la Filosofía se complica por el desconocimiento del lenguaje y de su uso, Austin desarrolla su teoría de los actos de habla, que pronto es objeto de atención para la teoría de la literatura y da lugar al desarrollo de trabajos de pragmática literaria. En palabras de Teun van Dijk,

Un acto de habla es el acto llevado a cabo cuando un hablante produce un enunciado en una lengua natural en un tipo específico de situación comunicativa. Tal situación recibe el nombre de contexto. Ello significa que un acto de habla no es sólo un acto de «hablar» o de «querer decir», sino además, y de manera decisiva, un acto social, por medio del cual los miembros de una comunidad hablante entran en  interacción mutua. (“La pragmática de la comunicación literaria”, Teun A. van Dijk)

Austin habla poco de la literatura, y cuando lo hace es para señalar que la literatura no es un uso serio, sino una decoloración o empalidecimiento del lenguaje dependiente de su uso normal:

hay usos “parásito” del lenguaje que no son “en serio” o no constituyen su uso normal pleno. Pueden estar suspendidas las condiciones normales de referencia o puede estar ausente todo intento de llevar a cabo un acto perlocucionario típico, todo intento de obtener que mi interlocutor haga algo”. (Austin, Cómo hacer cosas con palabras, pág.196)

La literatura, entonces, es una circunstancia especial del lenguaje.

En el marco de la teoría de las máximas griceanas y a partir del principio de cooperación de Grice, la comunicación va más allá del texto: comunicamos siempre más de lo que decimos (contenido proposicional), y comunicamos lo que no decimos pero queda implicado en lo dicho. Estas implicaturas que dependen del contexto son clasificadas por Grice en convencionales y conversacionales. Las implicaturas conversacionales son los significados implícitos que se derivan de la aplicación o transgresión de las máximas, las cuales a su vez derivan del principio de cooperación. Se podría pensar que las circunstancias especiales que decoloran el lenguaje llevan a la realización de un acto ilocucionario del tipo: al decir p estaba escribiendo literatura (donde p es una novela, un poema, etc). Si fuera así, la literatura podría describirse como un tipo de acto ilocucionario (o ilocutivo), pero Austin dice que no es posible desde el momento en que la literatura no es un uso normal del lenguaje, no existe un acto ilocutivo “escribir literatura” del mismo modo que existe el “prometo”, “afirmo”, etc… [pero como señala Van Dijk (1977), en la comunicación literaria el autor “no desea, necesariamente, que el oyente crea que p es verdadera”, pero sí que “p implicaq y que q es verdadera” (pág. 186)].

2. DEFINICIONES DE LA LITERATURA A PARTIR DE LA TEORÍA DE AUSTIN

2.a. JOHN SEARLE Y EL ANÁLISIS DEL DISCURSO

 La clasificación de Austin de los actos de habla en locutivos, ilocutivos y perlocutivos fue desarrollada por Searle (Actos de habla, 1969), que funde en ilocutivos los actos locutivos e ilocutivos de Austin e  incorpora el principio de expresividad (según el cual cualquier cosas que pueda querer decirse puede ser dicha).

Searle distingue actos de emisión, proposicionales, ilocutivos y perlocutivos. Igual que para Austin, para Searle el discurso literario carece de fuerza ilocutiva; el actor de las narraciones ficticias “hace como si” estuviese hablando. No reconoce en la literatura ningún rasgo particular, sino que es un tipo de discurso más.


… no hay ningún rasgo o conjunto de rasgos que todas las obras de literatura tengan en común y que podrían constituir las condiciones necesarias y suficientes para ser una obra de literatura. La literatura, para usar la terminología de Wittgenstein, es una noción de apariencia familiar […] es el nombre de un conjunto de actitudes que tomamos hacia una porción del discurso, no el nombre de una propiedad interna de aquella porción del discurso. […] Lo literario es un continuo con lo no–literario. No
solamente falta un límite distintivo, sino que casi no hay límites (Searle, El estatuto lógico del discurso de la ficción, Editorial Gredos. Madrid, 1984).

Aunque no asimila ficción y literatura, Searle analiza el concepto de ficción. La ficción es un uso no serio del lenguaje que plantea la cuestión de que, con las mismas palabras y el mismo tipo de discurso de que se sirve el discurso ordinario, no parece que realice los mismos actos ilocutivos.

Fingir es un verbo intencional: esto es, es uno de esos verbos que contienen dentro de sí el concepto de intención […] el criterio identificador de si un texto es una obra de ficción debe necesariamente residir en las intensines ilocutivas del autor. No hay propiedad textual, sintáctica o semántica que identifique un texto como obra de ficción (Searle, “The logical status of fictional discourse” (1975), en Expression and Meaning. Studies in the Theory of Speech¸Cambridge University Press, 1979)

2.b. RICHARD OHMANN

Richard Ohmann intenta definir la literatura a partir de la teoría de los actos del lenguaje de Austin:

Las obras literarias son discursos en los que están suspendidas las reglas ilocutivas usuales. Si se prefiere, son actos sin las consecuencias normales, formas de decir liberadas del peso usual de los vínculos y responsabilidades sociales.  (Ohmann,  “El habla, la literatura y el espacio que media entre ambas”, en J.A.Mayoral (ed.), Pragmática de la comunicación literaria, 1987 (1972), ed.Arco, Madrid, pág.44).

Para este autor, el único acto de habla en el que participa la obra es el de la mímesis:

Una obra literaria es un discurso cuyas oraciones carecen de las fuerzas ilocutivas que les corresponderían en condiciones normales. Su fuerza ilocutiva es mimética. Por mimética quiero decir intencionalmente imitativa. De un modo específico, una obra literaria imita intencionalmente (o relata) una serie de actos de habla, que carecen realmente de otro tipo de existencia. Al hacer esto, induce al lector a imaginarse un hablante, una situación, un conjunto de acontecimientos anexos etc.” (“Los actos de habla y la definición de literatura”, en  J.A.Mayoral (ed.), Pragmática de la comunicación literaria, 1987 (1971), ed.Arco, Madrid, pág.28)

Lo que no explica Ohmann es qué se entiende por condiciones normales, y, además, parece evidente que un texto literario como acto de lenguaje no carece de existencia. Ohmann dice que el escritor finge relatar un discurso y el lector acepta el fingimiento, imagina a un hablante y un conjunto de circunstancias que acompañan al acto de habla imitado.

2.c. SAMUEL R.LEVIN

Samuel R. Levin intenta explicar el acto de lenguaje de que deriva un poema; concide con Ohmann sobre el tipo de acto de habla que constituye un poema pero se diferencia por la incorporación de algunos rasgos en una oración real dominante que está implícita en la estructura profunda de todos los poemas. La oración implícita dominante que propone para los poemas y que expresa el tipo de fuerza ilocutiva es:

«Yo me imagino a mi mismo en, y te invito a ti a concebir, un mundo en el que…» (Levin, «Consideraciones sobre qué tipo de acto de habla es un poema», en  J. A. Mayoral (ed.): Pragmática de la comunicación literaria, 1987 (1976), ed.Arco, Madrid, pág.70)

Para Levin, si las oraciones de un poema tienen fuerza ilocutiva será en algún sentido especial; entiende que hay que considerar el efecto perlocutivo producido por un poema, que no es otro que inducir en el lector una consciente suspensión de la incredulidad a lo que llama la “fe poética”. Recursos poéticos como la medida, la rima, asonancia, etc., contribuyen a la aparición de esta “fe poética” porque son señales de que el lenguaje está siendo usado de una manera especial. La fuerza ilocutiva de un poema es, pues, la configuración de un mundo imaginario en el que el lector está invitado a adentrarse y participar.

2.d. MARY LOUISE PRATT (1948-

Marie Louise Pratt. Foto: Javier Calvelo

En 1977 M.L. Pratt publica Hacia una teoría de los actos de habla del discurso literario. A diferencia de los enfoques de poética estructural, considera que el acto de habla presente en una obra literaria no se diferencia ni estructural ni funcionalmente con el que se desarrolla en el habla diaria.

…muchos de los procedimientos que los tratadistas de poética creían que constituían la literariedad de las novelas no son en absoluto literarios.

De esa forma, el análisis de los actos de habla puede extenderse al discurso literario y se difuminan las fronteras entre lenguaje literario y lenguaje no literario.

El lenguaje literario es, pues, un uso del lenguaje y no una clase de lenguaje. Limita su estudio a la narrativa y descubre semejanzas formales y funcionales entre las narraciones orales espontáneas y los relatos literarios. Esta semejanza es debida al hecho de que tanto unas como otras son discursos asertivos cuyo objetivo es atraer el interés del receptor. La elaboración estética de ambos tipos de actos de lenguaje no es la misma porque la narración escrita es susceptible de elaboraciones verbales más complejas que las del relato espontáneo.

Los cambios que supone la aplicación a la literatura de la teoría de los actos de lenguaje pueden resumirse en tres:

-La consideración de la literatura como un contexto lingüístico implica tener en cuenta para la comunicación factores como los sobreentendidos, las convenciones, pactos y conocimientos culturales.

-La definición de la “literariedad”  no ya como un conjunto de peculiaridades formales, sino como una disposición especial de emisor y receptor, que es específica de la situación lingüística literaria.

-La posibilidad de integrar el discurso literario en el mismo modelo básico del lenguaje que el resto de actividades de comunicación.

M.L.Pratt, que habla de la “falacia de la literariedad”,  busca una formulación que describa la situación lingüística literaria. Considera importante la no participación del receptor, pero señala que esta característica se produce también en otras situaciones comunicativas (narraciones orales, conferencias, discursos…) En el caso de la literatura, la “petición de palabra” del emisor es una función desempeñada por los títulos, los resúmenes, las cartas al lector y todo aquel elemento lingüístico que suponga una captación de la atención del lector.

Otro de los rasgos de la situación lingüística literaria es que el producto, la obra literaria, tiene carácter definitivo desde el momento en que está publicada. Aquí intervienen factores sociales que determinan que se realice dicha publicación: críticos y editores se convierten en mediadores entre el escritor y sus lectores, pero no es algo exclusivo de la literatura, sino de todo tipo de publicación. Son procedimientos convencionales que, en el caso de la literatura, implican cierta despreocupación sobre la buscada literariedad: en último término son los editores (es decir, las personas) quienes determinan que un texto se convierta en obra literaria publicada o no. Este enfoque de M.L. Pratt deja fuera de la literatura toda aquella obra que no haya sido acompañada del éxito que supone su publicación.

Lo que es evidente para M.L.Pratt es que, si se considera el texto literario desde el ángulo de las máximas conversacionales y el Principio de Cooperación de H.P.Grice (1975), sus máximas fundamentales son la de la pertinencia (cuente lo que es relevante) y la de la cualidad (no diga lo que sabe que es falso); el no respeto de estas máximas será interpretado por el lector como relevante.  M.L.Pratt señala la existencia de un “propósito de intercambio” instalado entre el escritor y el lector; el escritor se obliga a hacer viable el acto de lectura y el lector, a cambio de su no participación y de su tiempo, se guarda el derecho de juzgar el texto (pág. 109–ss.)

Pratt concibe la literatura como un tipo de preferencia, un texto que invita al destinatario a contemplar y evaluar un estado de cosas que es narrable, textos que acontecen en un contexto y que no pueden describirse fuera de ese contexto (pág. 115).

Este enfoque de M. L. Pratt es compartido por otros teóricos: Todorov, en su tipología de los discursos relaciona los géneros literarios con los respectivos actos de lenguaje

3. VALORACIONES DE LA TEORÍA LITERARIA FUNDADA EN LOS ACTOS DEL LENGUAJE

Como cualquier otra teoría,  la aplicación de la teoría de los actos del lenguaje a la literatura ha contado con oposiciones destacadas.

3.a. Ch. Norris (1982) critica desde la perspectiva deconstructiva a Austin por su creencia en la prioridad del habla sobre la escritura, aunque es cierto que Austin apenas habla de literatura.

3.b. También se ha cuestionado la caracterización mimética de la literatura que plantean Searle (con su concepto de hablar fingido o ficcional) y Ohmann, puesto que un lector puede llegar a adentrarse en el texto hasta olvidarse del mundo real.

Aceptar la literariedad como una simple connotación sociocultural, algo derivado de que un grupo de lectores considere que un texto es o no literatura, sería una relativización y la reducción de la literatura a un problema cultural: la historia literaria estaría fundamentada en una estética de la recepción.

3.c. M.L. Pratt (“Ideology and speech-act today”, en Poetics Today, 7/1) modifica su postura inicial al ver en la teoría de los actos del lenguaje aplicada a la literatura una visión de la misma como algo autónomo, en la que se propone una visión de la literatura como una comunicación privada entre un texto y un lector individual, cuando en realidad habría que hablar de clases de lectores y de lecturas.

M.L. Pratt critica el uso instrumental de la teoría de los actos del lenguaje; en “Linguistic Utopias” de 1987 (en  Fabb, N et alii ed. The Linguistics of Writing; Arguments between language and literature, New York) rechaza las versiones más corrientes de la teoría de los actos del lenguaje por el hecho de que presuponen que los participantes están todos comprometidos en un mismo juego y que este juego es igual para todos los participantes. El sujeto que interviene en la comunicación literaria es un sujeto determinado por un contexto concreto, un sujeto socialmente constituido. La teoría del principio de cooperación griceano deja de lado las relaciones de poder, las afectivas y la cuestión de los objetivos de los individuos que participan en el acto comunicativo. La teoría de los actos de lenguaje propone una normalización que no es real, porque, sin llegar a negar el principio de cooperación, en la literatura se establecen (simultáneamente o no)  una serie de relaciones coercitivas, subversivas y conflictivas.

3.d. J. Domínguez Caparrós, en “Literatura y actos de lenguaje” (en MAYORAL, J. A. (ed.), 1986, Pragmática de la comunicación literaria; Arco, Madrid; pág. 85 y ss), revisa las distintas aplicaciones de la teoría de los actos de lenguaje a la literatura. Señala el problema de las relaciones entre teoría lingüística y teoría literaria, para cuya solución recurre al esquema que van Dijk aplica a las relaciones entre teoría generativa y teoría literaria. Las funciones de la gramática aplicativa, extensiva y analógica podrían explicarse como sigue:

-APLICACIÓN: si el lenguaje de la literatura imita actos de lenguaje cotidiano, es posible describir los actos de lenguaje imitados.

-EXTENSIÓN: puesto que el lenguaje literario no es distinto del lenguaje común y carece de una fuerza ilocucionaria propia, no hay extensión de la teoría.

-ANALOGÍA: si el lenguaje literario es un uso del lenguaje común y no una clase de lenguaje, hay analogía entre ambas teorías y se pueden aplicar los métodos de estudio del lenguaje común en el estudio del lenguaje literario.

 3.e. Luis Acosta Gómez (“Recepción y comunicación”, 1989, Discurso, 3/4) rechaza la equiparación entre discurso literario y acto de habla.

3.f. A. García Berrio (Teoría de la literatura, la construcción del significado poético, Cátedra, 1989) considera la literatura como un “acto de habla especial”. Insiste en la universalidad poética, la existencia de unas constantes estéticas fundamentadas en la experiencia comunicativa y que determinan el texto literario.

3.g. Stanley Fish (1980 Is There a Text in This Class? The Authority of Interpretive Communities. Cambridge, MA: Harvard UP,) defiende que la teoría de los actos de habla demuestra que todos los usos del lenguaje son performativos y, por tanto, institucionales. Este crítico americano se sirve de la teoría de los actos del lenguaje para fundamentar su idea del significado como dependiente de comunidades interpretativas. Para Fish el proceso de significación es algo móvil en continuo proceso, que se modifica de acuerdo a los cambios que experimentan los lectores: la lectura no es un estado sino una actividad en la que el lector “usa” y “es usado” por el texto. Fish habla de una especie de lector ideal, el lector informado, con competencia lingüística, conocimiento semántico y competencia literaria.

Anuncios

La lingüística generativa, (o la transformacional, GGT)  de Chomsky propició una forma nueva de enfocar determinado problemas de estilo literario. En este tipo de trabajos, el punto de partida lingüístico determina un análisis del lenguaje poético o literario que se fundamenta en una gramática generativa, bien la del lenguaje común, o bien una gramática especialmente construida para el lenguaje poético.

1. LA GRAMÁTICA GENERATIVA COMO BASE TEÓRICA DEL ESTUDIO LITERARIO

El objetivo del generativista es construir una  gramática que genere todas las frases gramaticales correctas de una lengua, es decir, una gramática que formule unas reglas con las que explicar dichas frases. Evidentemente, el lingüista se enfrentará con problemas para explicar ciertos textos literarios, especialmente poéticos del siglos XX (a partir de las vanguardias), que la gramática de la lengua estándar consideraría agramaticales.

La teoría generativa cuenta con conceptos capaces de situar el lenguaje literario en una escala, pudiéndose hablar de grados de gramaticalidad y de desviación; también hay ciertos  fenómenos o intuiciones estilísticas que pueden justificarse lingüísticamente a partir de una descripción de tipo generativista. En el contexto español, F. Lázaro Carreter (La lingüística norteamericana y los estudios literarios en la última década, 1969) establece una triple división de los escritores según su comportamiento frente al contexto lingüístico (o sea, frente al conjunto de formas del lenguaje, del discurso y esquemas de lengua común):

– Los escritores que actúan con libertad absoluta frente al contexto.

– Los que se pliegan completamente a las necesidades del contexto.

– Los que se pliegan al contexto supraindividual, pero dentro de él manifiestan su  individualidad.

Lázaro Carreter piensa que los métodos ideados para el análisis del lenguaje estándar  no son aplicables a todas las obras y resultan ineficaces si se trata de escritores que actúan con absoluta libertad.

“Ello supone que una gran parte de la poesía contemporánea es, hoy por hoy, inabordable por la lingüística. Nunca como en estos casos alcanza tanto significado la afirmación de que comprender un poema consiste sustancialmente en aprender un lenguaje. A pesar de ello, los problemas presentados por el lenguaje poético pueden englobarse hoy en día dentro de la cuestión de los grados de gramaticalidad. (1969)

1.a. NOAM CHOMSKY Y EL ESTUDIO DEL ESTILO

En la teoría generativa transformacional de Noam Chomsky –Estructuras sintácticas (1957) y Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965)–, la gramática de una lengua se propone como una descripción de la competencia intrínseca del hablante-oyente ideal, y del conjunto de reglas mediante las cuales se generan oraciones gramaticalmente correctas. Puesto que obra literaria entraría en el campo de las realizaciones lingüísticas concretas (la actuación), la teoría generativista se muestra incapaz de abordarlas.

Sólo en 1965, Chomsky facilita el acceso a la consideración de los hechos estilísticos (desviaciones) al señalar que el estudio de la competencia es la base del estudio de la actuación. En Aspectos de la teoría de la sintaxis (1965), Chomsky afirma que las inversiones estilísticas del orden de los elementos de una frase no deben ser explicadas a partir de transformaciones y reglas gramaticales, sino a partir de reglas de reordenamiento estilístico, que se sitúan en el estudio de la actuación.

Chomsky trata la  cuestión de los grados de gramaticalidad, señalando tres tipos generales de desviación. Pero hay frases tenidas como desviadas que no son raras en un contexto poético.

Chomsky afirma que la gramática engendra directamente la lengua que se compone exclusivamente de las frases no desviadas, y que engendra todas las otras secuencias de manera derivada. Por tanto, la estilística cuenta con la posibilidad de fundarse en esa parte de la gramática que engendra de manera derivada ciertas frases desviadas, y es esta posibilidad la que aprovecharán algunos críticos para aplicar la gramática generativa a estudio del estilo (Noam Chomsky, en declaraciones a Mitsou Ronat en 1977, se desentiende de los problemas del estilo y de la “poética generativa”, que caerían dentro del campo de la actuación, Todos estos trabajos son muy interesantes. Sólo que como yo no he contribuído en estos para nada, no me siento habilitado para hablar de ellos” (1977).

1.b. EL CONGRESO DE BLOOMINGTON de 1958.

En 1957 Chomsky publica Estructuras sintácticas, que marca un giro nuevo en la dirección de la lingüística, sobre todo en la lingüística americana. En 1958 se celebra el congreso de Bloomington (Indiana), en que los problemas literarios de estilo se abordan desde una perspectiva lingüística. El acercamiento de los estudiosos de la literatura a la lingüística generativa se refleja en los trabajos de Sol Saporta y de G. F. Voegelin, que intentan extender la gramática de la lengua común a la explicación del lenguaje literario.

Sol Saporta presenta “La aplicación de la lingüística al estudio del lenguaje poético”, donde plantea tres posibilidades de considerar la poesía en relación con la lengua y el arte:

– La poesía es una subclase de lengua.

– La poesía no es lengua, sino arte.

– La poesía constituye el puente entre la lengua y el arte.

Si la poesía es considerada como una subclase de lenguaje, no puede ser estudiada con los mismos métodos lingüísticos que el lenguaje común. Saporta recurre a los grados de gramaticalidad, teorizados por Chomsky (1956), para afirmar que, si en la lengua estándar las secuencias se ordenan de algún modo respecto a su grado de gramaticalidad, tal vez se pueda considerar que el lenguaje poético ofrece una gramaticalidad de nivel más bajo.

Así pues, a partir de la teoría de los grados de gramaticalidad es factible aplicar la lingüística a la poesía mediante “la reintroducción, dentro del conjunto, de datos que habían sido excluidos” en el análisis del lenguaje meramente comunicativo. Una gramática apta para el estudio de la poesía analizará frases poéticas que en la gramática de la lengua estándar se considerarían agramaticales. Por tanto, las desviaciones del lenguaje poético respecto a la norma se caracterizan, de un lado, por la eliminación de algunas restricciones de la gramática estándar, y, de otro, por la introducción de nuevas restricciones, como puede ser la rima, por ejemplo.

G. F. Voegelin, en “Expresiones casuales y no casuales”, también propone la construcción de  una gramática que explique las expresiones casuales (las del lenguaje estándar),  y las no casuales, como pueden ser las de la poesía, buscando construir una gramática que describiera una estructura unificada del lenguaje.

1.c. TEUN ADRIANUS VAN DIJK

Teun A. van Dijk aborda el problema de las relaciones entre la poética y la gramática generativa en “Modeles génératifs en théorie littéraire” (1973, en Essais de la théorie du texte, Bouazis, Charles ed.). La poética se sirve de teorías elaboradas en el dominio gramatical que no pueden dar respuesta a parte de las cuestiones que enfoca, por lo que parece necesario  desarrollar otros modelos –independientes o tomados de las matemáticas, la lógica y las ciencias sociales–  para responder a las cuestiones en las que se interesa el teórico de la literatura.

Según el autor, aunque la gramática y la poética pertenecen a dominios diferentes, es posible que aquella establezca distintas funciones en la poética: función aplicativa, función extensiva y función analógica.

-APLICACIÓN: consiste en una descripción estructural de las frases tal como aparecen en el texto literario, que serán calificadas de gramaticales, agramaticales o semigramaticales. Esta descripción puede  ser considerada como descripción estilística.

-EXTENSIÓN: la función extensiva de la gramática a la poética se da cuando el teórico la adapta a sus fines particulares, lo que puede hacer de tres formas posibles:

– Incluyendo en la gramática normal una serie de reglas de transformación facultativas suplementarias, que puedan dar cuenta de ciertas estructuras sintácticas, semánticas y fonológicas que caracterizan sistemáticamente la frase literaria de cierto periodo.

– Integrando reglas que especifiquen superestructuras que no son engendradas por la gramática normal.

– Construyendo una gramática textual que especifique formalmente todos los textos gramaticales de una lengua con sus descripciones estructurales.

-ANALOGÍA: la función analógica entre la gramática generativa y la poética consistiría en construir una gramática autónoma de la literatura inspirada en los principios teóricos que fundamentan la gramática generativa.

T. A. van Dijk resume las aportaciones de la gramática generativa a la estilística por los siguientes logros:

–La  descripción de la estructura de la frase

–La introducción de nociones muy útiles (estructura de superficie, estructura profunda, regla, transformación, competencia, actuación…)

–El uso de métodos deductivos y algorítmicos capaces de sistematizar conocimientos.

–La  apertura de vías hacia otras gramáticas generativas, matemáticas y lógicas, indispensables para la representación de las estructuras literarias de los textos.

[Para ver algunos textos de van Dijk, pulsa aquí]

2. ALGUNOS TRABAJOS DE ESTILÍSTICA GENERATIVA

Tras los primeros acercamientos a la estilística desde una perspectiva generativa que se presentaron en el congreso de Bloomington, otros autores siguieron el mismo camino de aproximación.

2.a. SAMUEL R.LEVIN

Además de la propuesta de los emparejamientos o couplings, Samuel R. Levin sigue a Roman Jakobson en su teoría sobre la función poética. En Estructuras lingüísticas en la poesía (1962) Levin diferencia entre la poesía y la lengua común por la manera especial en que el lenguaje poético se ordena y distribuye. Así, a partir de esta distinción y de la concepción chomskiana de la gramática, se puede admitir una gramática específica del lenguaje poético, una teoría explicativa de la función poética (aunque para esbozar esa teoría, Levin  recurre a la lingüística estructural más que a la generativa).

Posteriormente Levin, en su comunicación “Poesía y gramaticalidad” (publicada en 1964) sostiene que, dependiendo de los criterios que se adopten a la hora de construirla, una gramática puede incluir y explicar como aceptables demasiadas frases o muy pocas. Si no existe una regla para engendrar ciertas frases o cuando en la regla formulada se introducen restricciones que impiden la generación y explicación aceptable de una secuencia particular, se aceptarán muy pocas frases como gramaticales. En poesía son frecuentes estas frases que no genera la gramática, o que impide que se generen; para que sean aceptables, es necesario introducir nuevas reglas o transformar ciertos elementos de una clase a otra (convertir un verbo en un sustantivo, por ejemplo).

En Some uses of the grammar in poetic analysis (1971), Levin plantea la conveniencia de ampliar la gramática hasta que pueda explicar las frases de un poema. Puesto que las gramáticas suelen limitarse a lo que se llama lenguaje estándar, cualquier intento de elaborar una gramática directa e inmediatamente adecuada a la poesía necesitaría incluir un gran número de reglas especiales, particulares.

Pero aún limitándose a una gramática exclusivamente dirigida al lenguaje común, de las tesis de la lingüística generativa se derivan ciertas consecuencias importantes para el análisis de la poesía:

  1. la cuestión del lenguaje desviado se vincula a los grados de gramaticalidad de la GG
  2. la noción de competencia llingüística, que se manifiesta por ciertos juicios intuitivos, justifica que ciertos enunciados se consideren lenguaje poético y no lenguaje común: se trataría de comprobar lingüísticamente nuestra competencia poética.

Levin se mantiene fiel a su idea de 1962 de que la gramática de la lengua estándar no tiene por qué explicar el lenguaje poético. Pero también defiende que el estudio del lenguaje poético se lleva a cabo a partir de ciertos límites establecidos por la gramática estándar.

2.b. RICHARD OHMANN

En “Generative grammars and the concept of literary style” (1964), R. Ohmann plantea la posibilidad de construir una estilística generativa a partir de la gramática de la lengua estándar.

El estilo es una forma de escribir, y el estudioso de la literatura o el lector poseen también lo que podría llamarse la intuición estilística de la especificidad de un escritor. Los múltiples métodos críticos (cita hasta doce) que intentan explicar el estilo han fracasado porque carecen de una base teórica lingüística y semántica; pero los avences de la GGT permiten clarificar una teoría estilística y aplicarla en el análisis estilístico.

Ohmann define el estilo como “una manera característica de utilizar el aparato transformacional de una lengua”.

En 1966 (“Literature as sentence”), Ohmann propone concebir la literatura como un conjunto de frases, algunas gramaticales, otras agramaticales y otras inacabadas; de lo que se trata es de establecer de qué manera esas frases pueden interesar al estudio de la literatura. Ohmann plantea:

  • La crítica se interesa por la interpretación de la obra.
  • La teoría se interesa por los elementos que producen efectos sobre la interpretación.
  • La frase es el dominio de la estructura gramatical, y, por tanto, del sentido, de la comprensión y de la interpretación.
  • Así, la frase ha de ser tenida en cuenta tanto por la crítica, cuyo fin es la interpretación, como por la teoría que hay detrás de dicha crítica.

La gramática generativa, como teoría más elaborada de la frase, desempeñará un importante papel en el estudio de la literatura.

Resulta, pues, básica la distinción entre estructura profunda y estructura superficial, que, en cierta manera, Ohmann identifica con las tradicionales nociones de fondo y forma, respectivamente.

Trata también el concepto de desviación. Ohmann observa que, tanto en verso como en prosa,  la construcción del texto puede ser percibida mejor centrándose en las estructuras profundas de la frase, ya que el estilo se funda en una elección sintáctica, y esa elección corresponde a modos de significación.

En poesía las frases desviadas, tan frecuentes en ella, ofrecen varias posibilidades de interpretación, y es el lector el que elige una. Las posibilidades interpretativas se dan a partir de la gramática de la lengua estándar, porque el poeta nunca abandona la lengua, sino que se apoya siempre en las estructuras lingüísticas.

2.c. JAMES PETER THORNE

En “Stylistics and generative grammars” (1965), Thorne señala la dificultad de extender la gramática de tal forma que explique tanto las frases correctas como las desviadas que frecuentemente aparecen en la poesía. Lo que propone Thorne es considerar que  esas frases que se resisten a la descripción a partir de la gramática de la lengua común, se consideren parte de una lengua o dialecto diferente. Lógicamente, esa lengua independiente debe contar con una gramática  específica e independiente, adecuada a ella.

El modelo para la construcción de esa gramática especial de la lengua literaria debe ser la gramática estándar. La gramática del lenguaje poético que propugna Thorne implica aprovechar los principios que rigen la gramática del lenguaje común y ampliarlos para construir una gramática capaz de describir los fenómenos poéticos.

Por otra parte, Thorne señala que la intuición desempeña un papel importante en el acercamiento al estilo, ya que leer un poema “es frecuentemente como aprender una lengua extranjera”.

En  “Gramática generativa y análisis estilístico” (1970), Thorne, siguiendo los estudios iniciados por Richard Ohmann, amplia el concepto de estilo y lo aplica a los textos en prosa; die que la mayor parte de los juicios estilísticos tienen que ver con la estructura profunda.

En cuanto a la poesía, Thorne formula la necesidad de construir una gramática especial para cada poema, ya que lo que hace el poeta es crear una nueva lengua (o dialecto), y la tarea del lector consiste en aprenderla.

3. DEFINICIÓN DEL ESTILO

De las posiciones teóricas que hemos expuesto se puede deducir la percepción del lenguaje literario como algo especial cuyo estudio exige ciertos cambios en la teoría lingüística.

3.1. Sol Saporta, que considera el estilo como desviación, caracteriza el lenguaje de la poesía por un nivel más bajo de gramaticalidad, suponiendo que fuera posible la clasificación de las frases en una escala de gramaticalidad. En este sentido, el lenguaje literario sería una desviación de la norma. Pero, en otro sentido, el lenguaje literario puede apartarse de la norma si introduce unas restricciones, como las de la rima, que no tiene la gramática general.

3.2. Samuel R. Levin define el estilo a partir de la propuesta de Archibald A. Hill, “para quien el estilo consiste en el contenido expresado por aquellas relaciones entre elementos lingüísticos que traspasan los límites de la oración, es decir, aquellas relaciones que se dan en textos o en un decurso prolongado”. Por consiguiente, el estilo es un desviarse de la norma, y la estilística se diferenciaría del análisis lingüístico en que éste  se ocupa exclusivamente de los elementos situados dentro de los límites de la oración, y aquella de textos mucho más extensos.

3.3. Richard Ohmann ve el estilo como elección de forma, un estilo es una forma de escribir (1964, “Generative grammars and the concept of literary style”). Pero va más allá al admitir que el estilo puede no estar caracterizado por frases desviadas ni agramaticales y ser estilo.

En Ohmann está presente la idea de que el fondo o idea de una obra puede expresarse de distintas formas, y que estas formas constituirían las diferentes clases de estilo. Por tanto, la dicotomía fondo / forma tiene plena justificación. El fondo se asociaría a las frases subyacentes, a la estructura profunda, y  la forma, a las distintas manifestaciones posibles para una misma frase o  estructuras de superficie, según explica en Literature as sentence (1966).

El estilo es siempre elección entre las posibilidades correctas o implícitas de una lengua. Si esta concepción del estilo no es nueva, al menos merece atención el esfuerzo de formalizar la  elección recurriendo a la teoría lingüística y al método de la gramática generativa transformacional.

3.4. James Peter Thorne: el estilo como dialecto. En  Stylistics and generative grammars (1965), Thorne afirma que el estilo es, en cierta medida, un dialecto o lengua diferente, y que, cuando en un texto se encuentran frases que se resistan a una descripción a partir de la gramática de la lengua común, hay que  considerar que dichas frases pertenecen a un dialecto diferente, que ha de contar con su propia gramática.

Como se ve, la concepción del estilo desde la perspectiva de la lingüística generativa, no propone una concepción nueva del estilo –se sigue operando con conceptos tales como desviación o elección, ya viejos en la estilística–, sino que lo único que propone es intentar formalizar las viejas caracterizaciones del estilo a partir de las nuevas formulaciones lingüísticas, especialmente a partir de los grados de gramaticalidad o del concepto de frase desviada. Lázaro Carreter analiza estas posturas en el capítulo 8 de sus Estudios de lingüística (Ed. Crítica, 2000), titulado  “Lengua literaria frente a lengua común“.

4. LA LINGÜÍSTICA DEL TEXTO

A.van Dijk señala la EXTENSIÓN como una de las funciones de la lingüística en relación con la poética. Una de las posibilidades que abrió la lingüística generativa fue la construcción de gramáticas textuales, como la lingüística del texto, desarrollada sobre todo en Alemania y Holanda en la década de 1970, que trata  de  construir una gramática textual que explique el funcionamiento de unidades supraoracionales extensas –los textos–, desatendidas hasta ahora por la lingüística.

Según T. A. van Dijk la lingüística del texto presenta dos características:

  • Su  alineamiento con algunas teorías anteriores
  • Su insatisfacción ante las teorías lingüísticas que se centran únicamente en la frase como realidad que hay que analizar

La lingüística del texto sigue a la lingüística generativa transformacional y su influencia es evidente en algunos de los conceptos que maneja la lingüística textual, aunque ahora se apliquen al texto y no a la oración: competencia textual, estructura profunda textual (macroestructura), estructura superficial del texto (microestructura), reglas de reescritura o reglas de transformación.

Aún así, la lingüística del texto supera a la lingüística generativa transformacional en el objeto de análisis. Su punto de partida fundamental es el hecho de que, en el marco de la frase, quedan muchas realidades lingüísticas sin explicación, pues nos comunicamos con textos, no con frases. La lingüística del texto se convierte en una  teoría del discurso, y por ello se interesa por disciplinas como la retórica  y la poética, que antiguamente se ocupaban de estudiar el texto en su funcionamiento comunicativo.

El contexto es fundamental en la constitución del significado. La lingüística textual diferencia:

  • co-texto, o contexto verbal –la significación de una frase en relación con las otras frases del texto–,
  • con-texto, o  contexto extralingüístico, en el que se establecen las relaciones pragmáticas, de comunicación lingüística, entre el emisor, el receptor, el contexto, etc.

La teoría textual constituye un ejemplo de la necesidad de superar el inmanentismo, excesivamente apegado a la manifestación lingüística, sin consideración de los factores contextuales. Y dado que los hechos literarios sólo se comprenden a la luz del entorno exterior, contextual, la lingüística del texto proporciona un apoyo extraordinario al estudio y descripción del funcionamiento textual de los hechos contextuales.

"La información compartida progresa y mejora, de manera que su valor sólo puede aumentar. El conocimiento acaparado simplemente se detiene" Paul Jones,director de iblibio. (http://www.ibiblio.org/index.html)
diciembre 2017
L M X J V S D
« Jul    
 123
45678910
11121314151617
18192021222324
25262728293031